“Batalla por el sueño”

Este y el siguiente cuento (que será publicado en dos días), son breves historias sin ton ni son, una exploración de lo absurdo y de la escritura lúdica. También son parte de mi libro Desastres, Delirios y Debrayes, disponible de manera gratuita o por medio de donación en mi página de gumroad.

“Batalla por el sueño”

Cuento protegido por una licencia Creative-Commons de Atribución-NoComercial 2.0 Genérica.

Canto mientras duermo, a voz en grito, y los vecinos me odian.

Han formado una coalición que ha tomado por la fuerza el control de mi casa y me han encerrado en mi habitación. Se turnan para vigilarme en el instante en que se pone el sol, para asegurarse de que no armonizo mientras descanso.

Si acaso comenzara a cantar me sueltan una bofetada que me trae de regreso a la realidad, en donde ellos me miran sonrientes, absolutamente ciertos de que han triunfado contra mí.

Cuando llegaron a apoderarse de mi vida de esta manera, los entendí. Pero desde entonces ha pasado un año; un año en que me despiertan a bofetadas al menos veinte veces por noche. Estoy cansado de tener la cara hinchada y triste porque he perdido, uno a uno, todos mis dientes. Así que tuve que pintar mi raya. Ellos no se quieren marchar, y yo tampoco, y no puedo seguir viviendo de esta manera o terminaré matando a alguien, así que ideé un plan: cada vez que ellos me despierten de un bofetón cantaré más y más fuerte hasta que se harten de mí y se den cuenta de que el remedio fue peor que la enfermedad, y como no tengo dientes escupiré en sus arrogantes rostros cada vez que cante. Oh, dulce venganza.

Poco a poco ha ido funcionando y ya no están tan seguros de su proceder. Se han marchado de mi hogar (que se había convertido en su base de operaciones) para formular su siguiente ataque.

Trajeron entonces a un doctor. Con cuidado y después de desinfectarme el brazo y de atarme con correas a una silla, me pone la intravenosa diciendo que es anestesia, y entonces me sumo en un sueño sin sueños, un delirio oscuro que me hace olvidar que vivo hasta que despierto de nuevo. Para mi sorpresa mi voz se ha ido. Han removido de mi gargantófono el circuito que me permitía hablar, y reconozco que ha sido una excelente decisión.

Poco a poco se han ido retirando de mi casa, ya que se han asegurado de que cuando intento cantar al dormir lo único que se escucha es una respiración forzada. Ellos son felices, y debo admitir que yo también. Al fin podemos dormir.

-(CC) Emiliano Carrasco

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