Marcela Serrano – “Dulce Enemiga Mía”. Reseña.

Dulce enemiga mía / Marcela Serrano | Cool | Pinterest

Dulce Enemiga mía” es una colección de cuentos escrita por Marcela Serrano y publicada por Alfaguara en 2013.

Disfruté mucho de los 20 cuentos de este breve volumen, el cuál llegó a mí, de nuevo, gracias a la recomendación de un amigo. La autora es de Chile, y algunos de sus cuentos que pasan en México se sienten ligeramente menos auténticos que los demás, pero nada que me molestara realmente.

Me gusta que a pesar de que el título de la colección se refiere a uno de los cuentos cuya protagonista es Dulcinea del Toboso, en cierta manera hace alusión a las temáticas de todos los cuentos del libro, 18 de los cuales tienen por protagonistas a mujeres que, para bien o para mal, son sus propias peores enemigas.

Se me hizo curioso que los dos cuentos en los que el protagonista es un varón, “El testigo” y “2 de Julio”, en ellos éste toma la forma de un perro o de un sujeto que es incapaz de controlar su lujuria. No creo que sea un comentario hacia los hombres, aunque vale la pena mencionar que varios de los hombres en los demás cuentos son de varias tonalidades de maldito. Son mujeriegos, violadores, emocionalmente distantes, abusivos… Creo que esto es un comentario más dirigido a la masculinidad tóxica prevalente en latinoamérica que al “hombre” como género.

De la misma maner, muchas de las protagonistas son sumisas, permisivas, abnegadas madres o esposas que rara vez se permiten un deje o un asomo de individualidad, y cuando se escapan del yugo de las expectativas familiares o sociales es cuando se convierten en héroes o villanas. Pero lo hacen con acciones que cargan inmenso significado personal.

Creo que en general los cuentos de Serrano retratan adecuadamente pensamientos y actitudes muy prevalentes en la sociedad latinoamericana; pensamientos y actitudes que urge que cambien.

Obvio estos comentarios son interpretaciones mías y no reflejan necesariamente las intenciones de la autora. Los cuentos, sin embargo, se prestan a estas lecturas.

Mis cuentos favoritos fueron “Damascos y Calabazas”, “Cerco eléctrico”, “Hembras (Un divertimento)”, “El Robo”, “En Bosnia”, “El balneario”, “El Hombre del Valle”, “El testigo”, “El consuelo”, pero todos y cada uno fueron ejecutados con una calidad narrativa laudable.

Marcena Serrano es de aquellos autores que me gusta leer; es auténtica, con esa textura latinoamericana en su prosa que se siente en la piel, que entretiene e inspira, que es real e imaginativa. Estoy ansioso por leer más de su trabajo.

La autora en Alfaguara

R.M. Greenaway – “Cold Girl”. Reseña.

Cold Girl | Dundurn Press

Cold Girl” es una novela de crimen y detectives escrita por R.M.Greenaway y publicada por Dundurn Press en 2016.

Greenaway es una escritora canadiense que ganó en 2014 el premio “Arthur Ellis Unhanged” por esta novela, y los últimos años se ha dedicado a desarrollar la serie cuya primera entrega es también esta novela. A la fecha hay tres libros más en la serie, “Undertow”, “Flights and Falls”, “Creep” y “River of Lies”.

En 2018 me regalaron una colección de relatos titulado “Vancouver Noir”, editado por Sam Wiebe (su libro, “Invisible Dead“, es bastante entretenido, aunque muy cliché) y que contiene una variedad de historias escritas por autores de British Columbia y que tienen como trasfondo la ciudad de Vancouver y sus alrededores. La última historia en este libro es “The Threshold”, de R.M. Greenaway. Esta historia es algo decepcionante, ya que no tiene una resolución o una dirección concreta. Esto se debe más, creo, al límite de palabras y páginas que tiene por regla un relato corto, que a un error por parte de la autora. La historia habla sobre un fotñografo que encuentra un cadáver en el río, y en lugar de reportarlo a la policía decide tomar una fotografía del mismo, con la intención de que sea la pieza culminante en un libro que está haciendo. Sin embargo, mientras espera a que el sol se levante en el cielo para tener la luz perfecta para su fotografía, se percata de que el cadáver no es tal aún, y esta víctima sigue viva. Para cuando llama a la policía, después de tomar su foto, esta persona, que resulta haber sido un policía, ha fallecido, y lo que sigue es una interrogación por parte del departamento de policía de Vanocuver. Una vez que el fotógrafo se va, se implica que tal vez el fotógrafo tuvo algo que ver con el asesinato, y que irán a investigar más a fondo… y ahí termina.

Quería saber más. Los puntos claves de la historia me estaban agradando mucho, y al no tener resolución me sentí muy frustrado. Pero al mismo tiempo con mucha curiosidad con respecto al trabajo de esta autora.

Así que encontré su primera novela, “Cold Girl”, en mi biblioteca local y comencé a leer.

El caso es comentado desde el principio, desde luego: chica cantante de pueblo pequeño en British Columbia desaparece después de tener una pelea con su novio/baterista, su camioneta está en una montaña y no hay rastro de ella. Entonces se nos introduce a la variedad de policías que van a encargarse del caso, entre ellos los dos protagonistas: Leith, seguro de sí mismo pero con ganas de salir adelante en la vida, y Dion, excelente policía y detective que sufrió un accidente que lo afectó mentalmente y ahora tiene problemas para concentrarse y recordar cosas, por más sencillas que sean.

Después nos presentan a una variedad de sospechosos y la investigación comienza.

Greenaway se toma un tiempo muy largo en establecer las diferentes perspectivas de los protagonistas, así como en explicarnos todos los ires y venires de los sospechosos y la gente del pueblo. Sentí que se tomó muchísimo tiempo en esta etapa, pero tiene un no sé qué que hizo de su lectura algo bastante ameno.

No solo eso: el hecho de que se tomara tanto tiempo en establecer todo lo que quiso, nos presenta también con la posibilidad de twists más jugosos más adelante, así como de una trama aledaña bastante rica que parece indicar el desenlace de la historia principal, pero no lo es.

Por otro lado, no me agrada leer más novelas de crimen en las que la víctima es una mujer secuestrada o asesinada o violentada por un hombre. Refuerza ciertos estereotipos misóginos, unos que frecuentemente representan a la mujer como frágil y como “algo” de lo que se puede disponer. No me pareció que la novela en cuestión fuera poco cuidadosa con la temática, pero que las víctimas siempre sean mujeres (en varias ocasiones, brutalmente violentadas) normaliza la concepción de “esto es algo que pasa, qué le vamos a hacer”, en lugar de aportar diversas perspectivas con respecto al tema, o diversas avenidas y enfoques para los misterios.

Definitivamente tener a una autora (sobre todo a una autora que escribe tan bien como Greenaway) mejora un poco la situación, pero la mujer violentada es un cliché en este tipo de novelas que estoy listo para que pase de moda.

A pesar de que los dos protagonistas son hombres, hay varios personajes femeninos con muchísima agencia y autoridad, lo cual es muy apreciado, sobre todo en este género.

En general me pareció una muy buena novela thriller. Tengo muchas ganas de leer más de esta serie y de esta autora. Por cierto, si van a leerla, tengan en mente el título del libro. Es sumamente relevante.

Gracias por estar.

Sitio de RM GreenawaySitio de la autora en Dudurn Press
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“El Fantasma y el Poeta”, de Carmen Boullosa – Reseña

El Fantasma y el Poeta” es una colección de cuentos escrito por Carmen Boullosa y publicada por Sexto Piso en 2007 y 2008.

Boullosa es una poeta y novelista mexicana, pero este es el primer libro suyo que leo, impulsado por una necesidad de leer más literatura mexicana, y a partir de una recomendación por parte de un amigo.

Conseguí el libro en mi biblioteca local; es la edición de 2008, la cual cuenta con una introducción de Masoliver Ródenas. Por principio tengo un problema con las introducciones como la que provee en este caso el señor Ródenas, ya que hablan en varios niveles de especificidad sobre el contenido del libro en cuestión. Me hace pensar en una edición que tuve en algún momento de “El Gallo de Oro”, de Juan Rulfo, en el que la mitad del libro era un extenso ensayo que analizaba la historia, y la otra mitad era la historia en sí. Ahora, no hay ningún problema de facto con los análisis y ensayos por sí solos, tanto en el caso de “El Gallo de Oro” como en el caso de este libro de Boullosa; mi problema radica con su posición en el libro. ¿Por qué colocar esto antes del libro en sí? Sólo termina por arruinar sorpresas o sesgar análisis a los que el lector podría haber llegado por su cuenta.

Soy de la opinión de colocar esta clase de contenido al final del libro. En el caso de “El Fantasma y el Poeta”, me brinqué la introducción de Ródenas por completo.

Los cuentos son de temática y longitudes variadas. En general me gustaron todos, pero muy pocos me resultaron memorables: “Cuento de nunca”, “Insomnio y fuga”, “El Fantasma y el Poeta” y “La Sagrada y otras” son los que más disfruté y cuyo contenido me pareció mejor realizado.

Algo que me pareció muy interesante es que todos los cuentos en esta colección están contados en primera persona, y creo que esto afectó un poco mi lectura, ya que en lugar de considerar cada historia como una entidad separada, terminé ligando todas las narrativas en mi cabeza como parte de un todo. Esto tiene que ver también con la personalidad de quien narra los cuentos, ya que prevalece esta actitud sarcástica y con lenguaje sumamente casual, como platicado. Sin embargo, también puede ser que al no darme pausa entre cuentos haya creado en mi cabeza una entidad que ha vivido todas las historias y que ahora me las dice a mí.

Otra cosa que noté es que el estilo de los cuentos tiene cierta calidad ensayística, varios de ellos contando historias sobre personas y sucesos reales o históricos pero a modo de cuento, algo que me pareció interesante y nuevo. Los cuentos ensayísticos de Boullosa se enfocan en más de una ocasión en Rubén Darío, poeta nicaragüense, y un viaje que realizó a Nueva York, y si bien no estoy del todo familiarizado con el trabajo de Darío en sí, me queda claro que éste (o la personalidad misma de este autor) tuvo una influencia bastante poderosa sobre Boullosa. Tengo curiosidad del por qué de esta insistencia con Darío.

Por último, los cuentos de este libro tienen esa cadencia natural del cuento latinoamericano; mantienen un balance entre el realismo-mágico y el lenguaje casual y vivaracho; y añadiendo ese tercer elemento del ensayo contado por un narrador ficticio, crean una lectura bastante amena.

A pesar de que “El Fantasma y el Poeta” tiene aportes interesantes y excelentes momentos, no me atrapó por completo; y en ocasiones el factor ensayístico de los cuentos me pareció algo cansado. Dicho esto, me pareció una buena forma de adentrarme en la obra literaria de Carmen Boullosa, quien tiene una extensa bibliografía que abarca poesía, obras de teatro, novelas, cuentos y ensayos y que comienza en la década de los 70’s.Tengo la intención de leer más de su trabajo, quizás enfocarme en sus novelas y ensayos antes de volver a sus cuentos.

Desastres, Delirios y Debrayes, una retrospectiva

La portada de mi libro, como saben disponible gratuitamente o por medio de donación en mi tienda de gumroad.

Entre 2013 y 2015 escribí varios de cuentos de diversas longitudes, temáticas y personalidades, que en 2015 compilé en un pequeño volumen de 120 páginas titulado “Desastres, Delirios y Debrayes”. Estos cuentos son los que han podido leer en mi sitio web a lo largo de los últimos tres meses, semana con semana.

A finales del año pasado decidí que había intentado vender este primer paso como escritor por suficiente tiempo, y que si quería que mis cuentos tuvieran una mayor audiencia, lo mejor que podría hacer sería ponerlos de manera gratuita en internet. En su momento obsequié copias físicas y digitales a varias personas, a quienes agradezco infinitamente que se tomaran el tiempo de leerlo, con todo y sus faltas, pretensiones y extrañezas.

Ahora, tras haber publicado la mayoría de estas historias para su lectura pública en este sitio web, y tras haber hecho el libro gratuito en mi tienda de gumroad, sentí que era tiempo de hacer una retrospectiva.

Este libro tuvo un “historial de publicación” un poco accidentado.

Tras haber compilado estas historias, emocionado entregué el manuscrito a tres editoriales en México, en 2015:

  • Editorial Era
  • Editorial Almadía
  • Editorial “S”, que continuará incógnita por razones que se verán a continuación.

Editorial Era fue mi primera opción. Estaba tan emocionado que fui a entregar el manuscrito de manera física a sus oficinas en la ciudad de México. Después de recibir su respuesta (negativa), envié el manuscrito digital a Editorial Almadía, quienes también me dieron una respuesta negativa. Ambos me dijeron, sin embargo, que les agradaba el contenido y que esperaban poder leer más de mi trabajo en el futuro, lo cual me dio muchas esperanzas. Así que intenté una última vez con otra editorial, la consabida “S”, una casa independiente manejada por un señor español en la ciudad de México (y que, por lo que he investigado recientemente, ya no existe).

Vale la pena mencionar que en 2015 yo tenía 21 años, y que era, en muchos sentidos, un adolescentucho. Tal vez esto explique un poco la interacción que tuve con este señor (que, al menos, me doblaba la edad), cuyo nombre decido no mencionar con el afán de mantener la paz, y a quien me referiré como “M”.

Un conocido de entonces, a quien comenté que estaba intentando publicar un libro, me dijo que un amigo suyo había publicado en esta editorial, y pensando que tal vez yo había apuntado demasiado alto al probar con editoriales de más renombre, pensé que “S” sería algo más adecuado para mi primera ventura en el mundo de la literatura.

“M” aceptó reunirse conmigo y me dijo que mi libro tenía potencial, pero que no estaba a la altura todavía. Me dijo que por una módica cantidad (no recuerdo bien, pero recuerdo que me dio un ‘descuento‘) se sentaría conmigo y me asesoraría, me ayudaría a aprender a editar, y que cuando mi libro estuviera listo, lo publicaría (y sí, en retrospectiva, esto es super extraño). Inocentemente, accedí.

En ese entonces yo trabajaba en Ánima estudios, y el dinero no era algo que me sobrara. Pero creía en mi libro, y creí en este señor.

Nos juntamos varias veces. Me dio unos cuantos ejercicios para mejorar mis historias, me dejó lecturas de tarea, me regaló libros de su editorial y me vendió otros (también con un descuento).

Poco a poco empecé a notar unas cuantas cosas extrañas con respecto a las clases que tenía con él. Primero, noté que pocas veces me prestaba el 100% de su atención durante las mismas. Siendo la editorial “S” un equipo de una sola persona, “M” se mantenía bastante ocupado todo el tiempo.

Después noté que “M” muchas veces pasaba el día entero sin comer (o al menos, eso parecía), gastándose todo el dinero que cargaba encima en cigarrillos, y en más de una ocasión le invité una sopa o un café en el sitio en que nos reuníamos, El Péndulo de Polanco. También noté que en muchas formas me trataba con un deje de condescendencia que no me agradaba para nada, pero que toleré porque sentí que estaba aprendiendo algo de él.

Entre clase y clase o en los días en que le daba aventón a algún sitio después de nuestras reuniones, me refería cosas de su vida, me explicaba los ires y venires de su relación con una mujer que lo hospedaba en su casa y que le pagaba los cigarrillos (y a quien en todo sentido podría decirse que él detestaba), y me hablaba de los autores que publicaban bajo su sello. Me dijo qué historias cortar, qué corregir, y sugirió que el libro se llamara “La hora de la luna”.

Pronto me di cuenta de que el dinero que ganaba de mis clases, de las ventas de los libros y de algún otro sitio lo gastaba en la impresión de más libros, cigarros y transporte a varias ferias literarias.

En una ocasión estaba tarde en el trabajo y recibí una llamada de él diciéndome que no tenía en dónde dormir (??), que lo habían corrido de su casa, que le diera asilo. En ese entonces yo vivía con mi hermano, y tener a un extraño en casa no me pareció la mejor idea. Pese a la desesperación en su voz, formulé alguna excusa y le dije que no podía. Me pidió que al menos lo dejara dormir en mi auto, que tenía en sus manos una maleta llena de libros y que al día siguiente encontraría otro sitio en donde dormir. Me negué. Todo esto me parecía muy extraño, y la verdad es que me asusté, a pesar de que me sentí mal por él. Esta situación se solucionó de alguna manera para la siguiente ocasión en que nos vimos, en que me disculpé por no haber podido ayudarlo.

Durante 2015 tenía yo un proyecto de reseñas e historias con un grupo de amigos, llamado Agua de Calcetín. Le sugerí a este señor, por algún motivo, que podíamos leer los libros publicados por Sediento y hacer reseñas, de tal manera que pudiéramos incrementar la presencia en línea de su editorial (y también para generar contenido en nuestro sitio web). Él aceptó. Me regaló dos libros, que denominaremos “Libro 1” y “Libro 2”, y me obsequió dos copias más del “Libro 2” para mis amigos Arturo y Gerardo.

Leí ambos libros, y mientras que disfruté (si bien no me encantó) el “Libro 1”, el “Libro 2” nos pareció a mis amigos y a mí un desastre, y escribimos lo que pensamos. Tuve entonces la duda de si publicar estas reseñas en el sitio web. Por un lado, pensé, no quiero que el editor piense que lo estoy atacando (porque no era mi intención, ni mucho menos), pero por otro, pensé que tenía cierta “integridad” a la que debía apegarme, y que lo sensato era publicar las reseñas sean cuales fueren las consecuencias.

Objetivamente hablando y en retrospectiva, publicar esas reseñas fue un error, lo reconozco. Habría sido muy fácil no publicarlas, hablar de mis opiniones al respecto de los libros con “M”, a quien, a pesar de que en muchos sentidos me trataba como a un chamaco sonso, yo estimaba. Pero en mi cabeza pensaba “Si publica un libro como éste, ¿cómo puedo esperar que se haga un buen trabajo con mi material? ¿Qué nivel de integridad tiene una persona que predica escribir y editar bien, y que a pesar de ello publica algo de tan pésima calidad?”. Tal vez mis pensamientos estuvieran en el sitio correcto, pero actuar de la manera en que actué fue una insensatez, aderezada con una cucharada de soberbia. No lo niego.

Su respuesta no se hizo esperar. Me citó en el Péndulo en que tomábamos nuestras clases, pidió un café y conforme empezamos a hablar (él pidiéndome que borrara las reseñas, yo negándome), se empezó a enfurecer. Me dijo que ya no quería que yo publicara con él, que me devolvería el dinero de la última clase y que le pidiera disculpas. Pronto comenzó a decirme que yo no sabía nada, que no tenía derecho a juzgar a otros escritores de mi generación que además sabían más que yo. Me dijo que el libro que no nos había gustado nada había sido “un trabajo pagado”, y que tampoco tenía derecho a decir lo que dije de él. Se fue enfureciendo más y más, insultándome, sin dejarme decir palabra. De pronto su perorata dejó de ser en mi contra y dijo que los mexicanos eran (sic) primitivos, animales y agresivos, lo cual entendiblemente me hizo decirle que parara con un manotazo en la mesa. Dijo: “otro mexicano agresivo”, y se marchó sin pagar su café.

Yo fui a esa junta con la intención de decirle que ya no quería publicar con él, y, efectivamente, ese fue el resultado.

Sacado de onda (encuentro complicado el lidiar con la gente que me trata de esa manera, a pesar de que en al analizar las situaciones después me enojo y pienso en todo lo que pude haber dicho o hecho) le escribí diciendo que lo dejáramos por la paz, que estaba muy molesto por lo que me había dicho sobre la gente de mi país, que no quería el dinero de la última clase y que por respeto a lo que había aprendido de él borraría las reseñas. También me disculpé si lo había sentido como un ataque (carajo, ¿qué afán de seguir en contacto con él?). Por último, le dije que no hablaría mal de él (por eso no doy su nombre ni el de su editorial. No pretendo que mi relato sobre lo que sucedió sea un ataque, tampoco, tan sólo un recuento de la historia de mi libro). Pero después me arrepentí de este mensaje y decidí que no borraría las reseñas (mi ridículo orgullo) y lo bloqueé en todos lados (‘sabe dónde trabajo, mi dirección estaba en mi manuscrito, quién sabe qué pueda hacer’, son cosas que me pasaron por la cabeza, basado en sus reacciones y sus enojos anteriores).

Obviamente, notó que no las borré, y me envió un correo con una captura de pantalla de mi último mensaje diciéndome que “estaba convencido de que yo no era un cobarde” y ofreciéndome terminar el curso que había empezado conmigo. Me negué amablemente, pero sí le reclamé por lo que había dicho y explicándole mi raciocinio tras no borrar las reseñas y le dije que en lugar de la clase estaría dispuesto a pagarle los libros 1 y 2, (*facepalm*), pero le dije que no tenía intención de verlo y que le haría un depósito.

En sus siguientes correos procedió a insultarme y a llamarme un cobarde (¿sabían que llamar “cobarde” a un sujeto de 21 años suele tener el resultado deseado de provocarlo?), además de negar sus comentarios racistas instándome a que mostrara pruebas, provocándome hasta que accedí a verlo y a darle su estúpido dinero, porque a estas alturas se podrán dar cuenta de que en 2015 tomaba muchas buenas decisiones.

Mi último encuentro con él fue en el Péndulo, donde le di el dinero. Me tomó del brazo mientras me alejaba y me estrechó la mano, diciendo que esperaba que todo esto quedara detrás de nosotros. Por decir cualquier cosa asentí dándole la razón y me marché.

Han pasado poco más de tres años desde ese noviembre de 2015, y a la fecha pensar en esa situación me hace rabiar. En retrospectiva creo que podríamos haber manejado la situación de una mejor manera. Yo podría no haber publicado dichas reseñas (no cagues en donde comes, dice el dicho), y podría haber sido menos arrogante con respecto a mis opiniones. Gran parte de la culpa de este encuentro la tengo yo.

“M” podría haber actuado como el sujeto mayor que es (osea, con madurez), ser honesto con respecto a los libros de su editorial que él quería que yo leyera y sobre la verdadera fuente de su desesperación en ese tiempo, cualquiera que fuera. Podría no haber sido ofensivo en contra de mi país ni mi gente. Podría no haber querido seguir la comunicación por medio de correos. Yo podría no haberle contestado.

Lo peor de todo es que aprendí. Aprendí de él a editar, a leer más críticamente (irónico, ¿no?), y aprendí a no ser tan confiado ni tan inocentón. Me molesta un poco reconocerlo, pero lo que escriba de ahora en adelante lo escribo consciente de los elementos rescatables de las clases que me dio. A mi pesar le agradezco lo que me enseñó, y hay que seguir adelante.

Esta última experiencia me dejó con tan mal sabor de boca (además de sus comentarios con respecto a mi futuro como escritor) que me guardé mis cuentos por todo un año, dudoso de que fueran buenos para empezar, hasta que a principios de 2017 decidí que fuck it, y que ya los había escrito y los publicaría por mi cuenta. Hice una portada, retomé el nombre que le había dado originalmente (Desastres, Delirios y Debrayes) y lo publiqué.

Mi libro es un libro de principiante.

Hubo tres historias, por ejemplo, que no subí a este blog. Éstas son “Llevando a Afrodita en la piel“, “En las últimas y de malas” y “No podía dormir“. La razón por la cual están ausentes de este espacio (pero aún presentes en la versión completa del libro), es que al leerlas hoy en día me parecieron sobremanera amateur (más que las demás), y en el caso de las dos primeras, que fueron escritas desde un punto de vista femenino que no creo haber representado adecuadamente, y cuya ejecución no se alinea con mis valores ni con quien soy hoy en día. Si las escribiera hoy, serían muy, muy diferentes.

Además de estas historias, en muchas instancias doy grandes tropezones. Está mal editado, lleno de faltas de ortografía que se me escaparon, la organización que le di es pretenciosa (pero me da satisfacción, por algún motivo) como lo son algunos de los textos.

Pero también es un libro que me divertí mucho escribiendo. Realmente disfruté el proceso de los mismos, y en lo que he escrito desde entonces (un par de cuentos en inglés, el año pasado), puedo ver el avance que he hecho. La melodía del olvido, De nominación escurridiza“, “Miscelánea“, “Saúl” y “Prioridades del consumismo” son cuentos que disfruto mucho, a pesar de sus evidentes fallas. “El ojo del diablo” y “La muerte viste de rosa” son cuentos que podría haber trabajado más, que tienen la idea adecuada, pero a los que en mi afán por publicar les negué unas muy merecidas revisiones. La hora de la luna, Mujer dinamita y “La observada” son ventanas a mis recuerdos que también disfruto leer, si bien este último peca de perpetuar una visión narrativa sexista de la que no me percaté cuando lo escribí, pero que ahora lamento profusamente. “La Observada” no es un cuento que escribiría hoy.

Estos cuentos son parte de mí, y me da gusto que sean mis primeros pasos en la escritura a pesar de su extraño camino hasta el internet.

Para finalizar esta retrospectiva (que quedó más larga de lo que esperaba), puedo decir que:

  • Aún no sé si intentaré publicar mis historias de nuevo con una casa editorial, ya sea en inglés o en español. A principios de 2016 mandé este libro a un concurso, el cual no gané (obviamente), lo cual cimentó mi decisión de guardarme mis cuentos por otro rato. Creo en el poder del internet como vehículo para los trabajos creativos, y creo que la creación se protege compartiéndola, así que veremos.
  • Aprendí que antes de decidir con quién publicar tu material debes conocer el material del sello con quien quieres publicar. Fue esto lo que al final causó mi mala interacción con “M” y con su editorial.
  • Aprendí que no puedo dejar que se me infle la cabeza por creer que tengo un mejor sentido de la moral que otras personas. Lo más probable es que esta creencia sea mi arrogancia disfrazada, infiltrándose en mi vida. Esa arrogancia puede y va a causar problemas a la larga (o de inmediato).
  • Hay que tomar el conocimiento de donde venga.
  • También hay que reconocer las alarmas de una posible mala relación, cualquiera que sea su naturaleza, de manera objetiva. Cesar mi contacto con aquél editor antes, cuando empecé a notar cosas raras, habría sido más sabio.
  • No hay que responder a las provocaciones ni imaginar el peor escenario, mucho menos ceder ante los abusos.
  • Aprendí que, aunque me importa ser leído, me importa más disfrutar escribiendo.
  • Por último, revisar y reescribir. Súper importante, y evitará que termines con historias a medio cocinar que tienen un asomo de potencial no realizado.

Gracias por su lectura de esta retrospectiva, y de mis cuentos.