El futuro de la cultura libre se encuentra en las cadenas de bloques

Desde que empecé a aprender sobre blockchain, o cadenas de bloques, y la inmensa variedad de usos que pueden tener, no he parado de maravillarme y pensar en las posibles aplicaciones y maneras en las que pueden beneficiar al ambiente en línea y a la difusión de cultura en estos tiempos, la llamada “era de la información”.

Este artículo aparecerá no sólo en mi sitio web (jectoons.net), sino también en sitios como read.cash, HIVE y Publish0x, que están familiarizados ya con las cadenas de bloques y las criptomonedas, así que no ahondaré mucho en qué es una cadena de bloques (de nuevo, me gustaría hacer un artículo dedicado a ese tema más adelante, aunque de entrada creo que necesito entenderlas mejor todavía), pero ahí les va una breve explicación:

Una cadena de bloques es como un tipo de base de datos. Los datos están escritos en “bloques” que almacenan información, y hay una progresión histórica lineal de un bloque a otro. Por ejemplo, el bloque 1 tiene los números 1 al 100, el bloque 2 tiene números 101 a 200, y así sucesivamente. La genialidad de las cadenas de bloques es que como son lineales es posible ver exactamente qué información estaba escrita en un bloque anterior y es muy difícil falsificar dicha información.

¿Por qué es difícil falsificar esa información? Porque estas bases de datos se encuentran almacenadas en múltiples lugares, también llamados nodos, que se encargan de verificar que todas las copias de la cadena de bloques sean idénticas. Esto hace casi imposible la falsificación de información, ya que las computadoras cotejan dicha información en su copia con las copias de otras computadoras, creando una base de datos transparente y verificable.

La única forma de cambiar la información en una cadena de bloques es ya sea con un “ataque 51%” o con una división dura.

Ataque 51%: Una sóla entidad controla el 51% de la cadena de bloques y puede alterar la información de tal manera que su versión sea la “auténtica”.
División dura: La mayoría de nodos en una cadena de bloques elige cambiar la dirección de la misma, entonces la cadena de bloques se divide en dos. Puede que la versión vieja de esa cadena de bloques se termine en el bloque en que ocurrió la división, o puede que los nodos que no estuvieron de acuerdo con el cambio sigan manteniendo viva esa cadena, creando de manera efectiva dos cadenas de bloques a partir de una sola.

El denominador común en estos casos es que tiene que haber un acuerdo mayoritario para poder cambiar el código o la dirección de una cadena, lo cual las hace un ejercicio muy cercano a la democracia real.

Es por ello que una de las posibles aplicaciones de uso de las cadenas de bloques sea verificar votos en elecciones políticas o para cotejar datos de inventario.

Pero lo chingón es que muchas personas se han dado la tarea de reinventar las experiencias socio-cibernéticas basándose en las cadenas de bloques. El mejor ejemplo de esto son cadenas como HIVE, que permiten a desarrolladores crear plataformas similares a twitter (D.Buzz) o Facebook (Ecency, aunque no realmente…), que son libres (no hay censura), de código abierto (no confíen en cadenas de bloques que no son de código libre), y son propiedad de los usuarios y mantenidas por los mismos.

Teniendo todo esto en cuenta, se me hace natural que el futuro de la cultura libre (léase: CreativeCommons, Copyleft, Dominio Público) tenga un futuro increíblemente brillante en las cadenas de bloques.

Tengo tres razones principales por las que digo esto.

De entrada las cadenas de bloques que se respeten (Bitcoin, Ethereum, HIVE, Cardano, etc.) son creadas con código libre. Cualquier persona puede leer el código fuente de estas cadenas en lugares como github y ver cómo funcionan y hasta crear sus propias versiones de estas cadenas. Tras el éxito rotundo de Bitcoin a finales de los 2000’s varias cadenas de bloques tomaron como base su código, por ejemplo Dash o Litecoin, y lo hicieron suyo.

Esto es un gran positivo ya que de entrada las cadenas de bloques le pertenecen a todos. Son cultura libre por definición y por principio.

Después tenemos el aspecto de verificación histórica de las cadenas.

Es posible no solamente publicar información (videos, artículos, cómics, imágenes, pinturas, música) en la cadena, sino también verificar cuándo fue publicada y qué usuario fue quien la publicó. Esto minimiza la posibilidad de atribución falsa (plagio) o atribución omisa (robo), ya que es posible corroborar fechas de incepción y usuarios creadores.

Por último tenemos la existencia de divisas nativas de las cadenas de bloques. En Bitcoin es bitcoin, en Ethereum es Ether, en HIVE es Hive (y HBD). Las criptodivisas están aquí para quedarse y cada vez más personas invierten en ellas (aunque recomiendo investigar y entenderlas bien antes de hacer esto), y tienen ya un valor real traducible a divisas nacionales.

Pero varios proyectos (como HIVE o Publish0x u Odysee o Torum o read.cash o noise.cash) permiten participar en las cadenas de bloques y ganar un “sueldo” en estas criptodivisas. Este sueldo es ganado al contribuir contenido original y de calidad, y es determinado por los usuarios de la cadena.

Es decir: es cultura para todos por todos. Es cultura libre.

Las cadenas de bloques en su forma actual no son la forma en la que se verán en los próximos años: tienen muchísimo espacio de crecimiento y en mi opinión son el futuro de la cultura libre y del internet.

Resuelven:

A) Problemas de atribución – gracias a la cualidad histórica y transparente de las cadenas.
B) Problemas de distribución – gracias a que no hay censura y cualquier persona que acceda a la cadena puede ver lo que todo el mundo contribuye, y encontrarlo en los “archivos”.
C) Problemas de control – gracias a que son propiedad de todos los usuarios, no hay un organismo único controlándolas. Léase decentralizadas.
D) Problemas de remuneración – gracias a que existen criptodivisas nativas que son otorgadas a la gente que crea contenido de calidad y original. (Hay futuro con los NFTs, pero de eso hablaré en otro artículo)

Las cadenas de bloques no son perfectas, por supuesto. En el momento en que escribo estas líneas, la creación de nuevos bloques en las cadenas más grandes (Bitcoin y Ethereum) suceden a través de un proceso llamado Prueba de Trabajo, que se trata de poner a trabajar computadoras para resolver problemas matemáticos que validan la creación de nuevos bloques, o los “minan”.

Esto consume mucha electricidad y daña al medio ambiente, sobre todo si esta electricidad viene de fuentes no renovables (combustibles fósiles).

Esto va a cambiar en el futuro; cadenas como HIVE o Cardano no utilizan el proceso de Prueba de Trabajo y en lugar de ello utilizan Prueba de Inversión, en el que los usuarios prestan su posición (es decir, sus criptodivisas) a la cadena para validar los nuevos bloques de la misma. Ethereum va a migrar a Prueba de Inversión en este año, reduciendo el impacto ambiental de la cadena y facilitando su adopción y uso.

Es importante tener esto en cuenta, por supuesto, ya que no puede existir un futuro de cultura libre sin libertad ambiental, que invariablemente implica cuidar y mantener saludable a nuestro planeta.

Por ahora, eso es todo por mi parte. No hay razón para que existan trabajos con Copyright en las cadenas de bloques, ya que los problemas que el derecho de autor resuelve en el “mundo real” no son tan prevalentes en los ecosistemas de las cadenas. Las cadenas de bloques son un ejemplo real y funcional de “la creación se protege compartiéndola”.

El futuro es emocionante.

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