Enrique Krauze. “Siglo de Caudillos”. Reseña.

UCDL#6: “…el amor al poder, innato en el hombre y siempre progresivo en el gobierno, es siempre mucho más temible en las repúblicas que en las monarquías. (José María Luis Mora)”

Siglo de Caudillos es un libro de no-ficción escrito por Enrique Krauze en 1994 y la edición que leí fue publicada por TusQuets Editores en 2014. Cuenta con un prólogo inédito.

Enrique Krauze es un ensayista e historiador que ha escrito múltiples libros y artículos referentes al panorama actual y a la historia de México. No he leído previamente a Krauze, pero es uno de esos autores de los que uno escucha hablar bastante (si bien en su caso tuvo que ver con la errónea atribución de un título a su nombre por parte del ex-presidente Enrique Peña Nieto; o con múltiples ataques a su persona por parte del actual presidente López Obrador) y que inevitablemente da la sensación de que su trabajo, de una u otra forma, tiene que caer en mis manos en un momento u otro.

Compré este libro, de hecho, hace varios años, quizás en 2014, cuando esta edición fue publicada, y ha estado sentado en mi librero durante todo este tiempo, acompañándome en mudanzas y viajes y sin haber siquiera roto su cubierta de celofán. Me parece siempre un poco amenazador leer historia: Siempre hay muchísimos datos, existe además el hecho de que es muy difícil encontrar representaciones objetivas de casi cualquier evento. Además siempre me imagino empezando múltiples proyectos con la información potencial que pueda recabar de un libro como este, y termino auto saboteándome y nunca empezando.

Así que ahora, con UCDL, es cuando es excelente momento de leer todos esos libros de historia que he comprado a lo largo de los años y que jamás he abierto.

Siglo de Caudillos es una excelente continuación o acompañante (e incluso un contraataque) a los libros de historia de México que nos fueron asignados en la escuela. Krauze va más allá de los efectos directos de los acontecimientos históricos que llevaron a la independencia y desarrollo de nuestro país y nos da un contexto general de los individuos, los caudillos, que lideraron los movimientos políticos y militares en el siglo XIX.

Y Krauze no se queda únicamente en el contexto general: también se esmera en bosquejar un retrato aislado que intenta entender a los caudillos, verlos como personas con fallas y virtudes y no sólo como nombres con fechas y eventos atados a quienes hay que recordar para un examen.

Por eso creo que es tan importante leer historia por placer y no únicamente por encargo académico. Porque es con libros como este que uno empieza a entender la historia como algo que sucedió no únicamente en un espacio etéreo que sólo podemos imaginar, sino en un tiempo y a personas reales, con intereses, pasiones e ideas que los hicieron célebres, para bien o para mal.

Los análisis y descripciones de Krauze parten de una extensa bibliografía citada al final del volumen, tan variada que le fue posible extraer cierta mirada objetiva a los sucesos del México del siglo XIX, aunque como es natural y como mencioné anteriormente es casi imposible tener un recuento de la historia que sea 100% objetivo. A pesar de que Krauze es bastante sobrio, se notan ciertas inclinaciones por algunas de las figuras más prominentes de ese siglo; al menos las explicaciones que justifican su opinión están bastante bien fundadas.

El libro tiene una estructura interesante, comenzando con los festejos del centenario de la independencia organizados por Porfirio Díaz en 1910, y a partir de ahí el resto del libro es una mirada que abarca desde los inicios y las razones de la sublevación de Miguel Hidalgo hasta el largo y polémico régimen del general Díaz.

Me pareció interesante ver y aprender aspectos de la vida y las intenciones de todos estos personajes, cosas que no son mencionadas en la escuela (quizá por brevedad; quizá por querer mantener esa ilusión de “los héroes son estos y los villanos son estos otros”) y que ayudan a ver a estos caudillos como lo que realmente fueron: personas de carne y hueso que se equivocaron tantas o más veces de las que triunfaron.

De no haber leído este libro, por ejemplo, no me habría enterado de las barbaries cometidas por Hidalgo, quien también se refirió a sí mismo como “Su Alteza Serenísima” en un periodo; tampoco me habría vuelto admirador de personajes como Melchor Ocampo y Guillermo Prieto o Santos Degollado, individuos cuyos nombres me he aprendido a lo largo de los años pero cuyas hazañas me eran desconocidas y sin importancia. Al fin y al cabo, eran sólo parte de la larga lista de nombres en la historia nacional.

Habría también quedado con una sola impresión de Benito Juárez, por ejemplo, o de uno de los “niños héroes”, Miguel Miramón, y no habría pensado más allá en si las cosas que hicieron, los ideales por los cuales tomaron las decisiones que tomaron, valían esas decisiones.

Me sorprendió no ver ninguna mención de las llamadas madres de la patria, personas como Leona Vicario o Josefa Ortiz de Domínguez, que aunque sé que el propósito del libro era centrarse en los caudillos que ya todos conocemos, esto me pareció una omisión demasiado grande. Al final, ¿no fueron ellas caudillos a su manera? Al menos para mencionarlas un par de veces.

Terminando el libro me encuentro en un estado un poco de aturdimiento.

Por un lado estoy apabullado por la inmensa cantidad de detalles y textura que la historia escolar nos ha robado, todo en favor de cosechar las ideas de héroes y villanos (Benito Juárez bueno, Porfirio Díaz malo, aunque ambos fueron dictadores que se rehusaron a dejar el poder y envolvieron a México en un sistema paternalista. Si Juárez no hubiera muerto, habría habido una revolución al menos 30 años antes, posiblemente encabezada por Díaz, que ya se había levantado en armas un par de veces) y de crear una ideología nacionalista.

Por el otro me encuentro sumamente agradecido de que existan textos como este y otros (la trilogía de Tragicomedia Mexicana de José Agustín me viene a la mente) que presentan la historia en su contexto y a los personajes no como figuras sin igual, sino como seres humanos que hicieron lo que pudieron por lo que pensaban que sería el mejor futuro para un país que amaban.

Creo que cierto grado de nacionalismo es importante, por supuesto. Es bonito sentir una conexión y un orgullo para con el lugar en el que uno nació.

Pero creo que asignar etiquetas de héroes y villanos ha sido contraproducente. Es como pensar en la política como dos extremos de liberales contra conservadores: la realidad no funciona de esa manera, y el espectro ideológico es mucho más amplio.

Miramón fue un héroe en la invasión estadounidense, y un villano en la guerra de Reforma; pero esto sólo es por la perspectiva desde la cuál analizamos estos conflictos. No creo que sea necesario dejar de admirar las cualidades laudables de Juárez o Díaz o Hidalgo sólo porque también tuvieron su lado negativo, pero tampoco creo que sea necesario ignorar este lado negativo de acuerdo a lo que sea más conveniente para convencer a los niños y a la población en general de que hubo “santos” históricos.

Sigo en mi búsqueda de entender la historia desde un punto de vista más centrado, no sólo la de nuestro país, sino en general. Finalmente lo único que podemos decir con certeza es que un evento u otro sucedió, y que llevó a otro evento, que a su vez llevó a otro. Las etiquetas siempre serán asignadas de acuerdo a quién triunfó, y de acuerdo a los códigos éticos o morales del periodo temporal desde el cual se examina la historia, y por ende la objetividad es una meta vacua.

Sólo sé que de haber tenido esta ambigüedad histórica a lo largo de mi formación me habría parecido mucho más interesante su estudio en mis años de preparatoria. En la secundaria tuve un excelente maestro de historia, y en la primaria también. Les agradezco.

Por lo pronto me quedaré con este libro de Krauze. A pesar de sus favoritismos y omisiones (en ambos casos son pocos), es una excelente referencia y un libro bastante disfrutable, aunque más denso de lo que esperaba. Muy recomendable.

UCDL#7 Será Memoirs of a Geisha de Arthur Golden o Cerebus’ Guide to Self-Publishing de Dave Sim, el que sea que termine primero.

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