Hiromu Arakawa. “Silver Spoon Vol. 6”. Reseña.

A grandes rasgos…

El volumen 6 de Silver Spoon trae a nuestras manos la conclusión a tres cosas que se han ido construyendo desde aproximadamente el volumen 4; algunos podrían decir que incluso desde el volumen 1.

En primer lugar tenemos la competencia debut de Hachiken. Después el festival de la escuela, y finalmente un suceso que prefiero no detallar mucho aquí pero que mencionaré en la parte de los detalles.

Este volumen no resalta por el crecimiento de los personajes en la historia; hemos tenido bastante de eso en los 5 volumenes anteriores, pero eso no siginifica que en este se queden estáticos. Hay un gran momento con Aki casi al final del libro, y Hachiken experimenta en carne propia los resultados de su trabajo duro, en un aspecto tanto negativo como positivo.

Además Ayame aparece por fin. Es ridícula y me cae re-bien.

Lo padre de las historias que tienen como setting una escuela preparatoria o una escuela en general, es que los personajes pueden crecer tanto como sea necesario: aún se está formando su filosofía de vida y sus mentes son en general más maleables, así que da espacio para ponerlos en situaciones interesantes, como por ejemplo la situación de la carne en volúmenes anteriores.

Además, este volumen abre la puerta a nuevas preguntas y a posibles respuestas con respecto a la familia de Hachiken y a su futuro.

Los detalles

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Hachiken se ha estado partiendo el lomo, como vimos al final del volumen anterior.

Tiene tres mil cosas que hacer, y como hemos visto, históricamente parece incapaz de decirle que “no” a alguien, y eventualmente estar tan estresado (tanto física como mentalmente) va a llevarlo a un punto de quiebre.

Esto es importante, ya que Japón tiene uno de los índices más altos de gente que muere por trabajar demasiado. Esta situación en la que Hachiken se ha metido tiene muchísima relevancia cultural, y hasta cierto punto funciona como advertencia para que los chavos[efn_note]Buena y mala onda.[/efn_note] sean más considerados con sus propios límites. En muchos sentidos me identifico con el problema de Hachiken, aunque en lo personal termino trabajando más tiempo porque quiero hacer mil cosas diferentes, más que por tomar responsabilidades que no me corresponden.

Por otro lado, me siento un poco cansado de los chistes de gordos que tienen que ver con Tamako Inada. Aprecio que tenga seguridad en sí misma y un chingo de agencia, pero el humor con respecto a su aparente habilidad de bajar y subir de peso de manera extrema y a voluntad se volvió viejo muy pronto, en mi opinión.

La competencia de equitación está padrísima.

Ah, también ahora sabemos que esta parte de la historia está transcurriendo en 2011. Es bueno saberlo.

También me emociona que parece que Aki le pondrá más atención a sus sentimientos a partir de ahora.

Y… parece ser que habrá más información con respecto al padre de Hachiken y a su familia en el próximo volumen. Kemosión.

Vol. 6 en YenPress

Milorad Pavić. “Dictionary of the Khazars”. Reseña.

UCDL #5: “Moddakasa fue enterrado en una tumba con forma de cabra.”

Dictionary of the Khazars es una novela escrita por Milorad Pavić en 1984, y publicada en su idioma original (serbio) por Prosveta. La edición en inglés, que yo leí, fue publicada en 1988 por Knopf, y su edición en español se titula Diccionario Jázaro y fue publicado por Anagrama en 1989.

Hay tres primeros detalles que es importante resaltar sobre esta novela: Es la primera novela de Pavić; está escrita a modo de diccionario o de enciclopedia y hay dos versiones diferentes del libro, una masculina y una femenina. En cuanto a mi experiencia personal de la novela, es la segunda que leo de Pavić, la primera fue Pieza Única.

Ahora, me gustaría prefaciar esta reseña con la declaración de que Pavić es uno de esos autores que quiero disfrutar a toda costa. Poder decir “Sí, leí una novela del señor Milorad y la disfruté de cabo a rabo y la entendí por completo” es una de mis fantasías más anheladas. Me haría sentir mucho más inteligente de lo que en realidad soy. La verdad es que admiro profundamente los libros de Pavić porque son una genialidad conceptual, pero para mí tienen una complejidad confusa que me pierde en numerosas ocasiones con todos los significados y sugerencias que no alcanzo a entrever, y en ocasiones son tan enredadas las tramas y los sucesos que pierdo el camino de la trama principal, si es que la hay.

Leer a Pavić es una empresa a través de la cual intento sentirme culto e inteligente, pero al final del proceso termino sintiéndome más confundido y tonto que al principio. Con eso en mente, intentaré reseñar esta novela lo mejor que pueda, pero basta decir que no me parece haber entendido adecuadamente la enorme cantidad de temáticas que permean el libro.

Me enteré de la existencia de Pavić por primera vez alrededor de 2014 o 2015. Tuve una larga (3 años) relación a distancia con una chica serbia, y uno de los intercambios culturales que más aprecio que hayamos tenido es que me haya presentado a Pavić y a otros escritores serbios. Una de las características que más me llama la atención de la literatura serbia es lo similar que es en algunos aspectos a la literatura latinoamericana. Los párrafos se llenan de un flujo de pensamiento que no tiene vergüenza de dejarse ir, y sus tramas están permeadas de un tipo eslavo de realismo mágico que es intrigante y fenomenal. Basta leer libros como Atlas descrito por el cielo, de Goran Petrović, o La boca llena de tierra de Branimir Šćepanović para percatarse de que, como en los libros de Cortázar, Borges o García Márquez, existe un delgado telón de surrealismo presente en todo momento a lo largo del texto.

La literatura serbia, he notado también (y la bosnia y croata, si libros como April Fool’s Day de Josip Novaković nos dicen algo), se rige por un pesado bagaje religioso, político y lingüístico, que se acentúa debido a la forzada interacción de las ideologías Cristiana Musulmana y Judía y de las diversas culturas conformadas por los países que fueron Yugoslavia durante la mayor parte del siglo pasado. De estos textos se desprende una cierta melancolía que puede venir quizá de haber perdido parte de su identidad o de sentirse incompletos; también se desprende un orgullo absoluto por una identidad lingüística (principalmente) con la cual no quieren (ni pueden) partir. No pretendo entender los significados de esta melancolía ni de este orgullo, por supuesto, ni creo poder hacerlo nunca: creo que es una constante que está implícita en las personas que nacen en los países ex-Yugoslavos, y que un extranjero como yo es incapaz de entender a fondo.

Pero tener esto en mente ayuda un poco a contextualizar libros como Diccionario Jázaro, una novela cuya premisa parte de la lucha y la división entre tres ideologías religiosas: La Cristiana, la Musulmana y la Judía, que están riñendo entre ellas para interpretar un sueño del Rey Jázaro de forma adecuada y de esta manera conseguir que la tribu Jázara se convierta a su respectiva religión. Como en otros libros eslavos que he leído, la temática religiosa y lingüística forma una parte fundamental de la novela.

Diccionario Jázaro está escrita a modo de diccionario o de enciclopedia. Por lo tanto la historia que cuenta no está dispuesta en un formato temporal tradicional. Es decir, no es una historia que empiece por el principio y termine por el final, sino que todos los sucesos y personajes principales están descritos a forma de entradas en un diccionario. Y no sólo es un diccionario: Hay tres diccionarios, cada uno abogando por un resultado diferente a la polémica Jázara. Estos tres diccionarios, por supuesto, son el Cristiano, el Musulmán y el Judío. Cada uno argumenta que fue su religión la adoptada por el rey Jázaro tras haber resuelto la polémica de su sueño, y cada uno tiene algunas entradas en común y una gran variedad de entradas diferentes.

Las entradas en cada diccionario hablan de personajes en los siglos 8avo y 9no, y de personajes más contemporáneos, tocando no solo a los que estuvieron envueltos en la polémica Jázara, sino también a aquellos que la describieron más adelante, a personajes aledaños, a personajes que la estudiaron en el siglo 20, a conceptos y objetos que rodearon la polémica. Lo interesante es que de cada entrada se desprende un aire de cuento de hadas. Cada entrada comienza con una relación objetiva de la misma, pero rápidamente se convierte en un cuento. De esta manera, este libro es una colección de cuentos interconectados que intentan relatar de manera general una trama específica, pero sin dar al lector demasiadas indicaciones de cómo dilucidar la misma. Es un repositorio de mitos y fábulas basadas en varias culturas pero sin pertenecer de lleno a ninguna.

Yo leí el libro de tapa a tapa; es decir, no intenté una lectura más creativa del volúmen. De esta manera fue más complicado entender la historia. Sin embargo, el formato de diccionario hizo interesante y divertido volver a leer sobre personajes que eran mencionados más adelante. Este formato le da un aspecto de descubrimiento a la historia que es casi adictivo: es como ir conectando los puntos en un caso policial, o en una película de thriller. Pero para que este aspecto de entretenimiento tenga efecto, hay que tener (creo yo) la mente abierta y no desesperarse por no entender el punto del libro.

Porque puede que no tenga uno.

Al final de los tres diccionarios hay una serie de apéndices que ahondan más en detalles específicos de los sucesos más contemporáneos que abordan los diccionarios.

Como mencioné al principio de este artículo, el libro cuenta con dos versiones (predatando a Pokémon por una década o algo así), una femenina y una masculina, las cuales se diferencían por un único párrafo localizado casi al final del diccionario Judío. Esto no es necesariamente un spoiler, y en internet es fácil encontrar cuál es el párrafo en cuestión. La pregunta que acecha a todo el que lee este libro es ¿Era necesario tener dos ediciones de Diccionario Jázaro? Quizá. La diferencia de párrafos trata con la forma en que un personaje específico lidia con una temática de venganza, pero no me siento lo suficientemente preparado para determinar si esto cambia de forma absoluta el libro o no. Puede que esta diferencia de párrafos quiera encontrar un punto medio entre las discusiones teológicas de tres ideologías religiosas, o puede que sea sólo un instrumento de mercadotecnia. Si ya lo leyeron, ¿Qué piensan ustedes?

Me voy a quedar con este libro. Como con Rayuela, creo que es necesario leerlo una segunda vez en un orden diferente para intentar re-contextualizar o entender mejor la trama. Así que intentaré leerlo de nuevo en el futuro (cuando no tenga tantos libros en mi lista), y quizás haga un ensayo al respecto.

UCDL#6 será Siglo de Caudillos, de Enrique Krauze. Gracias por estar.

El futuro de la cultura libre se encuentra en las cadenas de bloques

Desde que empecé a aprender sobre blockchain, o cadenas de bloques, y la inmensa variedad de usos que pueden tener, no he parado de maravillarme y pensar en las posibles aplicaciones y maneras en las que pueden beneficiar al ambiente en línea y a la difusión de cultura en estos tiempos, la llamada “era de la información”.

Este artículo aparecerá no sólo en mi sitio web (jectoons.net), sino también en sitios como read.cash, HIVE y Publish0x, que están familiarizados ya con las cadenas de bloques y las criptomonedas, así que no ahondaré mucho en qué es una cadena de bloques (de nuevo, me gustaría hacer un artículo dedicado a ese tema más adelante, aunque de entrada creo que necesito entenderlas mejor todavía), pero ahí les va una breve explicación:

Una cadena de bloques es como un tipo de base de datos. Los datos están escritos en “bloques” que almacenan información, y hay una progresión histórica lineal de un bloque a otro. Por ejemplo, el bloque 1 tiene los números 1 al 100, el bloque 2 tiene números 101 a 200, y así sucesivamente. La genialidad de las cadenas de bloques es que como son lineales es posible ver exactamente qué información estaba escrita en un bloque anterior y es muy difícil falsificar dicha información.

¿Por qué es difícil falsificar esa información? Porque estas bases de datos se encuentran almacenadas en múltiples lugares, también llamados nodos, que se encargan de verificar que todas las copias de la cadena de bloques sean idénticas. Esto hace casi imposible la falsificación de información, ya que las computadoras cotejan dicha información en su copia con las copias de otras computadoras, creando una base de datos transparente y verificable.

La única forma de cambiar la información en una cadena de bloques es ya sea con un “ataque 51%” o con una división dura.

Ataque 51%: Una sóla entidad controla el 51% de la cadena de bloques y puede alterar la información de tal manera que su versión sea la “auténtica”.
División dura: La mayoría de nodos en una cadena de bloques elige cambiar la dirección de la misma, entonces la cadena de bloques se divide en dos. Puede que la versión vieja de esa cadena de bloques se termine en el bloque en que ocurrió la división, o puede que los nodos que no estuvieron de acuerdo con el cambio sigan manteniendo viva esa cadena, creando de manera efectiva dos cadenas de bloques a partir de una sola.

El denominador común en estos casos es que tiene que haber un acuerdo mayoritario para poder cambiar el código o la dirección de una cadena, lo cual las hace un ejercicio muy cercano a la democracia real.

Es por ello que una de las posibles aplicaciones de uso de las cadenas de bloques sea verificar votos en elecciones políticas o para cotejar datos de inventario.

Pero lo chingón es que muchas personas se han dado la tarea de reinventar las experiencias socio-cibernéticas basándose en las cadenas de bloques. El mejor ejemplo de esto son cadenas como HIVE, que permiten a desarrolladores crear plataformas similares a twitter (D.Buzz) o Facebook (Ecency, aunque no realmente…), que son libres (no hay censura), de código abierto (no confíen en cadenas de bloques que no son de código libre), y son propiedad de los usuarios y mantenidas por los mismos.

Teniendo todo esto en cuenta, se me hace natural que el futuro de la cultura libre (léase: CreativeCommons, Copyleft, Dominio Público) tenga un futuro increíblemente brillante en las cadenas de bloques.

Tengo tres razones principales por las que digo esto.

De entrada las cadenas de bloques que se respeten (Bitcoin, Ethereum, HIVE, Cardano, etc.) son creadas con código libre. Cualquier persona puede leer el código fuente de estas cadenas en lugares como github y ver cómo funcionan y hasta crear sus propias versiones de estas cadenas. Tras el éxito rotundo de Bitcoin a finales de los 2000’s varias cadenas de bloques tomaron como base su código, por ejemplo Dash o Litecoin, y lo hicieron suyo.

Esto es un gran positivo ya que de entrada las cadenas de bloques le pertenecen a todos. Son cultura libre por definición y por principio.

Después tenemos el aspecto de verificación histórica de las cadenas.

Es posible no solamente publicar información (videos, artículos, cómics, imágenes, pinturas, música) en la cadena, sino también verificar cuándo fue publicada y qué usuario fue quien la publicó. Esto minimiza la posibilidad de atribución falsa (plagio) o atribución omisa (robo), ya que es posible corroborar fechas de incepción y usuarios creadores.

Por último tenemos la existencia de divisas nativas de las cadenas de bloques. En Bitcoin es bitcoin, en Ethereum es Ether, en HIVE es Hive (y HBD). Las criptodivisas están aquí para quedarse y cada vez más personas invierten en ellas (aunque recomiendo investigar y entenderlas bien antes de hacer esto), y tienen ya un valor real traducible a divisas nacionales.

Pero varios proyectos (como HIVE o Publish0x u Odysee o Torum o read.cash o noise.cash) permiten participar en las cadenas de bloques y ganar un “sueldo” en estas criptodivisas. Este sueldo es ganado al contribuir contenido original y de calidad, y es determinado por los usuarios de la cadena.

Es decir: es cultura para todos por todos. Es cultura libre.

Las cadenas de bloques en su forma actual no son la forma en la que se verán en los próximos años: tienen muchísimo espacio de crecimiento y en mi opinión son el futuro de la cultura libre y del internet.

Resuelven:

A) Problemas de atribución – gracias a la cualidad histórica y transparente de las cadenas.
B) Problemas de distribución – gracias a que no hay censura y cualquier persona que acceda a la cadena puede ver lo que todo el mundo contribuye, y encontrarlo en los “archivos”.
C) Problemas de control – gracias a que son propiedad de todos los usuarios, no hay un organismo único controlándolas. Léase decentralizadas.
D) Problemas de remuneración – gracias a que existen criptodivisas nativas que son otorgadas a la gente que crea contenido de calidad y original. (Hay futuro con los NFTs, pero de eso hablaré en otro artículo)

Las cadenas de bloques no son perfectas, por supuesto. En el momento en que escribo estas líneas, la creación de nuevos bloques en las cadenas más grandes (Bitcoin y Ethereum) suceden a través de un proceso llamado Prueba de Trabajo, que se trata de poner a trabajar computadoras para resolver problemas matemáticos que validan la creación de nuevos bloques, o los “minan”.

Esto consume mucha electricidad y daña al medio ambiente, sobre todo si esta electricidad viene de fuentes no renovables (combustibles fósiles).

Esto va a cambiar en el futuro; cadenas como HIVE o Cardano no utilizan el proceso de Prueba de Trabajo y en lugar de ello utilizan Prueba de Inversión, en el que los usuarios prestan su posición (es decir, sus criptodivisas) a la cadena para validar los nuevos bloques de la misma. Ethereum va a migrar a Prueba de Inversión en este año, reduciendo el impacto ambiental de la cadena y facilitando su adopción y uso.

Es importante tener esto en cuenta, por supuesto, ya que no puede existir un futuro de cultura libre sin libertad ambiental, que invariablemente implica cuidar y mantener saludable a nuestro planeta.

Por ahora, eso es todo por mi parte. No hay razón para que existan trabajos con Copyright en las cadenas de bloques, ya que los problemas que el derecho de autor resuelve en el “mundo real” no son tan prevalentes en los ecosistemas de las cadenas. Las cadenas de bloques son un ejemplo real y funcional de “la creación se protege compartiéndola”.

El futuro es emocionante.

Hiromu Arakawa. “Silver Spoon Vol. 5”- Reseña.

A grandes rasgos…

El volumen 5 de Silver Spoon avienta nuevos elementos a la historia de Hachiken desde el principio, con el encuentro de un pequeño cachorro que de inmediato adoptan y se vuelve la mascota del club de equitación.

A lo largo del volumen vemos un poco más de detalles sobre la forma de ser y las motivaciones/los complejos de personajes como Mikage y Komaba, que cada vez parecen más y más relevantes y entrelazados con la historia de Hachiken.

Otros personajes llevan varios volumenes brillando sin parar, como Inada, Beppu, Yoshino y Tokiwa. Realmente el elenco que Arakawa armó para su serie es súper sólido.

Tenemos también una breve mirada al psyche de Hachiken y ahondamos más en las razones por las cuáles “huyó” de casa a la preparatoria agricultural Ooezo, y también vemos cómo este nuevo ambiente y sus nuevos amigos lo ayudan a superarlo.

Los detalles.

Mostrar spoilers

La breve secuencia de introducción del perrito, llamado VicePresidente, es excelente. El estudio de Hachiken para entrenarlo y para que lo respete es hilarante, especialmente el comentario de que aprende más rápidamente que Tokiwa.

Cada vez tenemos más piezas del rompecabezas que son los amigos más cercanos de Hachiken en este lugar, Mikage y Komaba. Por un lado, sabemos cuál es el plan a grandes rasgos de Komaba (nos lo contó en el volumen 3, me parece, mientras practicaba beisbol con Hachiken), y cómo el futuro de su familia parece depender por completo de su triunfo como beisbolista. Es padre entronces verlo triunfar y moverse en partidos reales. Si Arakawa escribiera un manga de deportes, estoy seguro que sería tan bueno como Haikyuu.

Por otro lado tenemos a Mikage, que se ha revelado como una chica que tiene muchísimo interés en trabajar con caballos pero cuya familia básicamente necesita que ella se encargue de la granja familiar. Mikage no se queja porque sabe que su familia la necesita. Entonces tanto Komaba como Mikage se encuentran en una situación en la que deben poner a su familia antes que a ellos mismos: Komaba tiene la oportunidad de poder determinar en qué calidad ayuda a su familia (pero sólo tiene una oportunidad de hacerlo bajo sus propios términos), mientras que Mikage parece tener que ir con la corriente.

Esto se entrelaza con la manera en que Hachiken ha sido empujado por su familia (parece ser que su papá, principalmente) a tener ciertos estándares con respecto a sus estudios y desempeño académico, a tal punto que no pudo más y tuvo que “huir” para tener un respiro del ambiente opresivo de expectativas en su hogar.

Creo que a pesar de que la temática de las expectativas por parte de nuestros padres es algo con lo que cualqueir persona en el mundo puede relacionarse de inmediato, es particularmente intenso en países como Japón, donde hay cierto status quo que debe ser mantenido para que la estabilidad social continúe en orden. Por ende, quizás incluso irónicamente, muchos de los personajes de manga y de series son individuos que rompen con este status quo y forjan su propio camino, a pesar de sus superiores y ambientes.

Me parece que Arakawa consigue ilustrar tres puntos de vista diferentes de expectativas sobre las que enfocarse y les da suficiente substancia para que sean súper interesantes y que además trabajen bien unos con otros.

Los demás personajes en Ooezo parecen también estar luchando con ciertas expectativas externas, sin embargo me gusta mucho cómo hay armonía entre las historias de Hachiken, Mikage y Komaba.

Sin decir mucho más sobre el volumen, que tiene partes muy padres (saber por qué Hachiken se clava tanto con estudiar y querer ser el mejor, por ejemplo), quiero decir que el final, cuando se da cuenta de que tiene demasiadas cosas que hacer porque toma responsabilidades que no tiene que tomar, necesariamente, se sintió bastante cercano a como me siento aventándome mil proyectos a la espalda.

#relatable.

Con el volumen 5 estamos ya a un tercio de la historia de Hachiken. Me parece que en su momento el equivalente a 10 volumenes, así que aún estoy en territorio conocido, pero estoy disfrutando mucho esta relectura.

Gracias por estar.

Mi mataplantas

Mi mataplantas no era mío, aunque actuaba como si lo fuera.

Nunca lo vi; en ningún momento escuché su paciente y lento caminar, ni sentí el aire que emitía cuando movía sus manos en un arco amplio, tocando con la yema de cada dedo todas las hojas de todas las plantas en mi hogar, pero sabía que estaba ahí. Lo que no sé es cómo, ni por qué, se prendó de mí.

¿Qué ofensa pude haberle causado? ¿Qué falta podría haber incurrido? No era una persona que se ensañara con los demás, y procurabao mantenerme al margen y no entrometerme en lo que no me incumbía. Y sin embargo me atormentaba, mi mataplantas, me robaba de la compañía de esos seres silenciosos y rebozantes de color que un día adornaron los pasillos de la vieja casa en que habité.

Siempre fui aficionado a la jardinería, desde antes de crecer y darme cuenta de que jamás tendría un jardín propio. Acompañé mi infancia de libros de botánica y enciclopedias con bellas imágenes de frondosos árboles. Pronto dejé la escuela, para horror de mis padres, que me desheredaron de inmediato, y tomé un trabajo como jardinero de tiempo completo en una de esas casonas habitadas por gente que tiene más dinero del que puede usar. Ellos quieren tener un jardín para presumir de su riqueza, pero el bienestar del mismo no les interesa más allá de un beneficio estético al cuál pueden apuntar y decir “Miren, miren la belleza de mi hogar”. No se percatan de que debían toda esa belleza a las plantas que yo cuidaba con cariño y devoción.

Pero lo que ellos pensaran o hicieran me importaba un bledo. Al fin y al cabo, en mis ojos eran benefactores que me permitían dedicarme a algo que amo, fuera o no su intención ayudarme a mí o a las plantas. Desgraciadamente el pago no era mucho, y aunque yo me hubiera dado por bien servido con tener el privilegio de cuidar de plantas, necesitaba comer, necesitaba energía para levantarme cada día y podar y hablar con mis amigos árboles, y regarlos y barrer sus hojas y asegurarme de que no hay plaga. Qué más hubiera querido depender del sol y el agua, como ellos.

Primero rentaba en un departamentucho donde ni siquiera entraba el sol; mi cama y la silla vieja donde colgaba mi ropa no dejaban espacio para nada más. Tras un par de décadas de ahorrar, con la cabeza baja y trabajo duro, conseguí comprarme una casa vieja, de concreto frío y muerto. Eso acabó con mis ahorros, y supe que no podría adquirir un mejor espacio para mí más adelante, no sin estudios y con mi pequeñísimo sueldo.

Comencé a coleccionar plantas una tarde lluviosa en que salí a caminar por el monte, a aspirar el olor a tierra mojada y a llenarme de la humedad que bañaba el pasto y los arbolitos a mi alrededor. Noté una colina deslavada al doblar un recodo del camino, y entre la tierra desprendida había un retoño de un árbol nativo de la región. Sin pensarlo dos veces, conmovido por su desventura, me quité mi vieja camisa y coloqué el retoño junto con un poco de tierra en ella. Regresé de inmediato a mi hogar, medio desnudo y tiritando de frío, y puse el retoño en el montón de tierra en una esquina del pasilo. Sabía sin embargo que eso no sería suficiente. Al día sguiente pedí permiso a mis patrones de llevarme una maceta rota de la bodega, y me miraron con una mezcla de diversión y confusión. “Es sólo una maceta. Llévate las que quieras, Alfonso”. Nunca los quise tanto.

Así comenzó mi colección de plantas. Poco a poco fui tomando retoños y plantas del monte, y fui reutilizando ramas de las que cortaba durante mi trabajo, y sembrándolas en unas cuantas macetas que mis patrones me hicieron el favor de obsequiarme. Pero pronto mi colección de plantas empezó a crecer tanto que tomar más macetas de mis patrones me empezó a parecer un abuso, y decidí aprender a hacer mis propias macetas.

Tuve también que perforar varios agujeros en el techo para que la luz entrara y nutriera a mis plantas, que crecieron contentas y llenaron de verde y de vida el espacio gris que solía ser mi vivienda. Ahora todo era alegría.

No duró, sin embargo. Fue alrededor de estas fechas que mi mataplantas hizo su primera aparición.

Mi mataplantas hacía exactamente eso: mataba las plantas que encontraba en su camino. Al principio no me percaté de su presencia, a pesar de lo clara que era. Un retoño recién traído del monte murió de pronto, sin razón alguna, y de manera casi automática tras ser transplantado a una maceta nueva. Me di la vuelta para tomar un contenedorcito con agua para regarlo, y cuando me volví, había expirado.

La confusión que se alzó en mí fue reemplazada por una tristeza por el potencial perdido, y para reconfortarme podé un poco un arbusto que estaba creciendo de manera saludable en mi habitación. No me olvidé del retoño, pero me distraje lo suficiente para dejar de analizar su repentina muerte.

Después fue un arbolito de más edad, un arce del amor con bellísimas hojas rojas, que de repente se secaron una a una y su tronco se volvió hueco y gris. Fue entonces que me percaté de que algo estaba mal. Conteniendo la tristeza, examiné el cadáver de mi arce para ver si una plaga maldita se había infiltrado en mi hogar, pero no hallé nada que me indicara tal intromisión. Esto hizo aún más preocupante cuando una tercera planta, otro pequeño arbusto de flores púrpuras, se secó un par de días después.

En pánico, tomé todas las plantas a su alrededor y las encerré en un cuarto-bodega donde guardaba mis herramientas, y me llevé el resto de las plantas a mi habitación, donde hicieron más difícil el acceso pero me sentí con cierto confort de que ahí estarían seguras.

Con todo esto en mente, seguía yendo a trabajar, y la calidad de mi jardinería comenzó a bajar. Podaba árboles de más, regaba el pasto de menos, y mis patrones comenzaron a notarlo. No me dijeron nada, pero supe que algo pasaba cuando el contacto con ellos se volvió todavía más distante que de costumbre entre trabajador y patrón. Uno pensaría que tras décadas de trabajar ahí habría confianza suficiente, o tal vez un enlace que nos acercara, pero no era el caso.

El acabose llegó cuando esta entidad, este mataplantas me siguió al trabajo un día, y en una semana la mitad de los árboles del jardín de mis patrones se secó, como si de pronto algo les hubiera chupado la vida. Fui retirado de mi puesto de inmediato, amenazado incluso, entre gritos y reclamos de que había envenenado a su bello jardín. Me dolió más la muerte de sus plantas que el despido; después de todo ese espacio verde era más mío de lo que jamás fue de ellos.

Me resguardé en mi casa, aún encerrado en mi habitación con mis árboles sobrevivientes, temeroso de lo que ahora llamaba mi mataplantas, mi martirio, mi tortura. Le grité mil veces, hasta quedarme ronco, que me dejara en paz, que no se llevara al resto de mis amores, de mis verdes compañeros, pero todo fue en vano. De pronto se abrió la puerta de alguna forma, y las hojas de las plantas a mi alrededor comenzaron a caer, secas y deshechas.

Con lágrimas en los ojos las recogí del suelo, junto con las ramas frágiles que también caían a mi alrededor, la masacre ahora imparable. Me abracé a los vestigios de mis plantas, y lloré.

Sentí de repente un peso en los hombros, y alcé la vista. Ya nada podía quitarme esta escoria, todo en mí estaba muerto, y sin embargo seguía ahí. Invisible. Perpetuo. Abrí las manos y dejé caer los restos de mis plantas y me miré los dedos. Entre temblores y respiraciones profundas, me percaté de que mi piel comenzaba a ponerse de una tonalidad entre verdosa y marrón, y cada vez que inhalaba sentía que mis pulmones se expandían y susurraban como las hojas en las copas de los árboles.

Aturdido sacudí mis manos, y noté que todo se volvía rígido, mis brazos y mi torso, mi cuello y mis hombros. Me levanté con trabajo y comencé a caminar hacia la puerta, con la idea de pedir ayuda, pero me colapsé a un par de pasos del umbral. Mis dedos y mis piernas se convirtieron en raíces, que perforaron el concreto de mi hogar, y me sentí alzarme hasta chocar contra el techo, atravesarlo y remontarme más alto que los edificios a mi alrededor. Ahora todo era azul y blanco, y los pájaros a mi alrededor se posaban sobre mis ramas.

Caí en la cuenta de que ahora era presa fácil para mi demonio, mi mataplantas, y que volvería a por mí, y esperé a que llegara a terminar con mi existencia, a secar mis hojas y a drenar mi tronco de su vitalidad, pero días pasaron y seguí donde estaba. La gente me miraba desde el suelo, confundidos por la súbita aparición de este gigantesco visitante en medio de la ciudad. No había venido solo, tampoco, sino que mi transformación había afectado el suelo a mi alrededor, cubriendo de pasto y vida todo a su alrededor.

Mi mataplantas no volvió por mí, pero conforme las semanas transcurrieron noté que más árboles se alzaban silenciosos a mi alrededor, algunos un poco más pequeños, otros más altos, con copas frondosas y troncos gruesos, o con pocas ramas y troncos delgados y torcidos. Pasados unos años, de lo que antaño eran edificios sólo quedaban restos, y en lugar de eso todo era bosque.

Mi mataplantas no era mío, al menos no me hubiera gustado que lo fuera, pero mis raíces hoy tiemblan de pensar que quizás mi mataplantas era yo.