Enrique Krauze. “Siglo de Caudillos”. Reseña.

UCDL#6: “…el amor al poder, innato en el hombre y siempre progresivo en el gobierno, es siempre mucho más temible en las repúblicas que en las monarquías. (José María Luis Mora)”

Siglo de Caudillos es un libro de no-ficción escrito por Enrique Krauze en 1994 y la edición que leí fue publicada por TusQuets Editores en 2014. Cuenta con un prólogo inédito.

Enrique Krauze es un ensayista e historiador que ha escrito múltiples libros y artículos referentes al panorama actual y a la historia de México. No he leído previamente a Krauze, pero es uno de esos autores de los que uno escucha hablar bastante (si bien en su caso tuvo que ver con la errónea atribución de un título a su nombre por parte del ex-presidente Enrique Peña Nieto; o con múltiples ataques a su persona por parte del actual presidente López Obrador) y que inevitablemente da la sensación de que su trabajo, de una u otra forma, tiene que caer en mis manos en un momento u otro.

Compré este libro, de hecho, hace varios años, quizás en 2014, cuando esta edición fue publicada, y ha estado sentado en mi librero durante todo este tiempo, acompañándome en mudanzas y viajes y sin haber siquiera roto su cubierta de celofán. Me parece siempre un poco amenazador leer historia: Siempre hay muchísimos datos, existe además el hecho de que es muy difícil encontrar representaciones objetivas de casi cualquier evento. Además siempre me imagino empezando múltiples proyectos con la información potencial que pueda recabar de un libro como este, y termino auto saboteándome y nunca empezando.

Así que ahora, con UCDL, es cuando es excelente momento de leer todos esos libros de historia que he comprado a lo largo de los años y que jamás he abierto.

Siglo de Caudillos es una excelente continuación o acompañante (e incluso un contraataque) a los libros de historia de México que nos fueron asignados en la escuela. Krauze va más allá de los efectos directos de los acontecimientos históricos que llevaron a la independencia y desarrollo de nuestro país y nos da un contexto general de los individuos, los caudillos, que lideraron los movimientos políticos y militares en el siglo XIX.

Y Krauze no se queda únicamente en el contexto general: también se esmera en bosquejar un retrato aislado que intenta entender a los caudillos, verlos como personas con fallas y virtudes y no sólo como nombres con fechas y eventos atados a quienes hay que recordar para un examen.

Por eso creo que es tan importante leer historia por placer y no únicamente por encargo académico. Porque es con libros como este que uno empieza a entender la historia como algo que sucedió no únicamente en un espacio etéreo que sólo podemos imaginar, sino en un tiempo y a personas reales, con intereses, pasiones e ideas que los hicieron célebres, para bien o para mal.

Los análisis y descripciones de Krauze parten de una extensa bibliografía citada al final del volumen, tan variada que le fue posible extraer cierta mirada objetiva a los sucesos del México del siglo XIX, aunque como es natural y como mencioné anteriormente es casi imposible tener un recuento de la historia que sea 100% objetivo. A pesar de que Krauze es bastante sobrio, se notan ciertas inclinaciones por algunas de las figuras más prominentes de ese siglo; al menos las explicaciones que justifican su opinión están bastante bien fundadas.

El libro tiene una estructura interesante, comenzando con los festejos del centenario de la independencia organizados por Porfirio Díaz en 1910, y a partir de ahí el resto del libro es una mirada que abarca desde los inicios y las razones de la sublevación de Miguel Hidalgo hasta el largo y polémico régimen del general Díaz.

Me pareció interesante ver y aprender aspectos de la vida y las intenciones de todos estos personajes, cosas que no son mencionadas en la escuela (quizá por brevedad; quizá por querer mantener esa ilusión de “los héroes son estos y los villanos son estos otros”) y que ayudan a ver a estos caudillos como lo que realmente fueron: personas de carne y hueso que se equivocaron tantas o más veces de las que triunfaron.

De no haber leído este libro, por ejemplo, no me habría enterado de las barbaries cometidas por Hidalgo, quien también se refirió a sí mismo como “Su Alteza Serenísima” en un periodo; tampoco me habría vuelto admirador de personajes como Melchor Ocampo y Guillermo Prieto o Santos Degollado, individuos cuyos nombres me he aprendido a lo largo de los años pero cuyas hazañas me eran desconocidas y sin importancia. Al fin y al cabo, eran sólo parte de la larga lista de nombres en la historia nacional.

Habría también quedado con una sola impresión de Benito Juárez, por ejemplo, o de uno de los “niños héroes”, Miguel Miramón, y no habría pensado más allá en si las cosas que hicieron, los ideales por los cuales tomaron las decisiones que tomaron, valían esas decisiones.

Me sorprendió no ver ninguna mención de las llamadas madres de la patria, personas como Leona Vicario o Josefa Ortiz de Domínguez, que aunque sé que el propósito del libro era centrarse en los caudillos que ya todos conocemos, esto me pareció una omisión demasiado grande. Al final, ¿no fueron ellas caudillos a su manera? Al menos para mencionarlas un par de veces.

Terminando el libro me encuentro en un estado un poco de aturdimiento.

Por un lado estoy apabullado por la inmensa cantidad de detalles y textura que la historia escolar nos ha robado, todo en favor de cosechar las ideas de héroes y villanos (Benito Juárez bueno, Porfirio Díaz malo, aunque ambos fueron dictadores que se rehusaron a dejar el poder y envolvieron a México en un sistema paternalista. Si Juárez no hubiera muerto, habría habido una revolución al menos 30 años antes, posiblemente encabezada por Díaz, que ya se había levantado en armas un par de veces) y de crear una ideología nacionalista.

Por el otro me encuentro sumamente agradecido de que existan textos como este y otros (la trilogía de Tragicomedia Mexicana de José Agustín me viene a la mente) que presentan la historia en su contexto y a los personajes no como figuras sin igual, sino como seres humanos que hicieron lo que pudieron por lo que pensaban que sería el mejor futuro para un país que amaban.

Creo que cierto grado de nacionalismo es importante, por supuesto. Es bonito sentir una conexión y un orgullo para con el lugar en el que uno nació.

Pero creo que asignar etiquetas de héroes y villanos ha sido contraproducente. Es como pensar en la política como dos extremos de liberales contra conservadores: la realidad no funciona de esa manera, y el espectro ideológico es mucho más amplio.

Miramón fue un héroe en la invasión estadounidense, y un villano en la guerra de Reforma; pero esto sólo es por la perspectiva desde la cuál analizamos estos conflictos. No creo que sea necesario dejar de admirar las cualidades laudables de Juárez o Díaz o Hidalgo sólo porque también tuvieron su lado negativo, pero tampoco creo que sea necesario ignorar este lado negativo de acuerdo a lo que sea más conveniente para convencer a los niños y a la población en general de que hubo “santos” históricos.

Sigo en mi búsqueda de entender la historia desde un punto de vista más centrado, no sólo la de nuestro país, sino en general. Finalmente lo único que podemos decir con certeza es que un evento u otro sucedió, y que llevó a otro evento, que a su vez llevó a otro. Las etiquetas siempre serán asignadas de acuerdo a quién triunfó, y de acuerdo a los códigos éticos o morales del periodo temporal desde el cual se examina la historia, y por ende la objetividad es una meta vacua.

Sólo sé que de haber tenido esta ambigüedad histórica a lo largo de mi formación me habría parecido mucho más interesante su estudio en mis años de preparatoria. En la secundaria tuve un excelente maestro de historia, y en la primaria también. Les agradezco.

Por lo pronto me quedaré con este libro de Krauze. A pesar de sus favoritismos y omisiones (en ambos casos son pocos), es una excelente referencia y un libro bastante disfrutable, aunque más denso de lo que esperaba. Muy recomendable.

UCDL#7 Será Memoirs of a Geisha de Arthur Golden o Cerebus’ Guide to Self-Publishing de Dave Sim, el que sea que termine primero.

Hiromu Arakawa. “Silver Spoon Vol. 7”. Reseña.

A grandes rasgos.

Este volumen lidia con las consecuencias de Hachiken trabajando tan duro que se desmaya, y a pesar de que ya habíamos visto a sus papás, es la primera vez que vemos interacciones directas entre Yuugo, Shingo y los señores Hachiken.

Y, bueno. Tengo opiniones al respecto. Pero hablaré más de ello en la siguiente sección.

Hay muchas cosas que suceden en este volumen de las que no me acordaba, y hubo un par que me provocaron bastante emoción: Lo que lee Hachiken al regresar a la escuela, por ejemplo, o lo que pasa al final del volumen.

Los juegos de beisbol se ponen intensos, también, y vemos un par de nacimientos de vaquitas, aunque a Hachiken no le encanta. Todo este volumen, y parte del siguiente, es otoño, y el clima comienza a enfriarse. La trama de la historia se encarrera, cada vez más siento más conexión con los personajes, y creo que en definitiva Arakawa maneja este género tan bien como manejó el de acción/aventura con FMA.

Los detalles

Mostrar spoilers

Pues creo que los padres de Hachiken son… son un caso.

No creo que tengamos todas las herramientas a estas alturas del partido para dar una opinión bien fundamentada; puede que sólo sea un asunto de personalidad, pero el papá de Shingo y Yuugo parece ser un duro sin corazón. Y su mamá parece tener buenas intenciones, pero parece ser demasiado sumisa y tradicionalista como para decir algo al respecto de la manera en que el señor Hachiken se comporta con sus hijos.

Basta decir que entiendo por qué los hermanos Hachiken prefieren estar lejos de casa.

Y creo que Yuugo se deja llevar (entendiblemente) por su coraje con respecto a sus padres y toma decisiones que lo afectan. También creo que de ahí viene su poca autoestima.

Por otro lado tenemos más desarrollo de su relación, potencialmente amorosa, con Mikage, que creo que se ha dado d euna manera muy fluida y que se ha desarrollado con suficiente inteligencia emocional para ser muy amena.

Aah, la escena donde Yuugo se identifica con los comentarios con respecto a los caballos y que además aprecia que aprecien su trabajo duro, y se permite llorar… me pegó.

Luego las deportistas madreándose a Tokiwa es una página de oro. Este tipo de escenas marcan muy bien el estilo de la comedia de Arakawa, y lo hace tan bien.

Y changos. El final del volumen. Me imagino que en el volumen 8 lidiaremos con las consecuencias de lo que está pasando con Komaba, pero definitivamente no pinta bien. Recuerdo cuando ese capítulo salió, y haberme sentido algo desolado.

Vol. 7 en YenPress

If you get an EV, get a used one

This is an article by science communicator and journalist Bob McDonald, published on the CBC website a couple of weeks ago. I don’t intend to criticize the author or the point of the article itself (but I will comment on it), just to point out a fact that seems to elude journalists and the so-called mainstream media but that is worth to mention.

The article argues that since there is a widespread adoption of EVs and a lot of car manufacturers are trying to get back the lunch that Tesla stole from them, there will be an increase in the need for the mined materials that are used to create the batteries that power said EVs. The article cites a study by Richard Herrington in nature reviews materials, saying:

[…] by the year 2035, there could be 245 million battery electric vehicles on the road. In addition, there will be a huge demand for stationary batteries needed for energy storage to compensate for the less consistent output of clean energy sources such as wind and solar. 

Bob McDonald, “More electric cars on the road will mean increased mining for what goes in their batteries”, CBC.com, May 28th, 2021

Then, rightly so, McDonald points out how unethical mining can be in certain parts of the world, citing child labour, for example, or the extraction of resources that are necessary for the locals to live, such as water.

He finishes the article on a hopeful note mentioning the “million-mile-battery” that Tesla is reportedly working on; batteries that are so efficient that they can give you a million miles (1,609,344 km) worth of use.

This is all true, concerning, and infuriating, since we can’t seem to be able to escape from the continuous abuse to the environment even with the advent of cleaner technologies, like the electrification of the grid and the vehicles that we use on a day-to-day basis. It’s alarming.

Reading the paper that McDonald cited in his article, it’s easy to see where things are going wrong.

Herrington cites the UK Climate Change Committee‘s proposal of eliminating the Internal Combustion Engine (which is one of the main contributors to global warming world wide) from the car by the year 2050. The problem is:

To switch the UK’s fleet of 31.5 million ICEVs to battery-electric vehicles (BEVs), it would take an estimated 207,900 tonnes cobalt, 264,600 tonnes lithium carbonate, 7,200 tonnes neodymium and dysprosium and 2,362,500 tonnes copper […] This amount is twice the current annual world production of cobalt, an entire year’s world production of neodymium and three quarters of the world production of lithium. Replacing the estimated 1.4 billion ICEVs worldwide would need forty times these amounts. In addition, the energy revolution towards renewables, that is, wind, solar, wave, tidal, hydro, geothermal and nuclear, together with the newly built infrastructure for delivery, are highly reliant on mineral-based technologies

Richard Herrington, “Mining our green future”, Nature Reviews Materials, May 24th, 2021

Cool. Jumping head-first from one unsustainable way of doing things to another just as unsustainable.

Not all is doom and gloom, necessarily, as Herrington points out that by the year 2035 there will probably be enough Battery EVs on the road that an amount of the batteries may be able to be recycled. Around 17 million, maybe, just in the UK.

That’s progress, I guess.

The issue(s).

The issue is that this whole scenario depends on current consumption of vehicles to continue on the trend it has had for the past 50 years; that trend being people having multiple cars, buying them new and buying them every few years.

It also depends on our cities remaining car sanctuaries instead of moving on to a more car-free environment in which we can depend more on bikes and public transportation, so that less people will need to buy a car.

We had to buy a car last year when the pandemic hit, because we were not too into the idea of getting COVID from being in the bus. So we got a 2005 Chevy Epica that was in pretty good condition and wasn’t too expensive. There is no way we could have afforded a new car, and we didn’t want one. It is, however, convenient to move around in, especially when we need to travel across cities to visit family, because public transportation could be better in our little corner of the world.

But we didn’t want a car. We were happy with car-sharing services, the subway and the bus.

The issues mentioned above stem from three obsessions:

  1. Our obsession as purchasers of things (I refuse to say consumers) to get the newest, shiniest thing.
  2. The car manufacturers’ obsession (and any company’s obsession, really) to make new stuff and plan its obsolescence so that they can keep making new stuff and people keep buying. AKA money.
  3. The obsession of the UN and the governments to think of grandstanding but ultimately superficial regulations that prompt companies to all want to, for example, produce electric cars and exacerbate mining and abuse problems incurred by the companies creating these cars.

We don’t need a new car every year. Or an iPhone every six months for that matter. There are very few instances in which someone will need multiple vehicles, especially if they’re single or have a small family of 3 or 4. There is no reason for cities to prioritize car-specific infrastructure instead of the people who live in the cities.

It is important to remember that the most environmentally friendly car you can have is the one you already do. And if you don’t have one, then buying second hand is not only cheaper but also more environmentally friendly.

I said before we didn’t want a car, but I would be lying if I said we wouldn’t like an electric one. But that would be wasteful: our current car that we had to get as an emergency is perfectly functional and fulfils its purpose without a hitch. Not only that, but the charging infrastructure is missing where we live, with one or 2 chargers close to our apartment.

If we were to get an EV, though, we would prefer a used one over a brand new Tesla. Not that we could afford a new Tesla, mind you, but isn’t that the problem?

New cars, of any kind, are luxury items. Governments speeding the transition to renewables is commendable, but if it isn’t done right they will create a problem as bad as the one we had before, but in other areas, and won’t solve the core problem they set out to solve.

As exciting as the prospect of recycling batteries in the future is, I wish McDonald’s article had ended on a note on how we need to focus on reducing our acquisition of new shiny things.

In the end, buying and making more stuff that uses non-renewable resources won’t save the planet; instead it will enrich the already rich and impoverish the already poor.

What will save the planet is to shift our ways of thinking (instead of brand new cars, Tesla and other auto makers could develop a way to convert ICE vehicles into BEVs; cities could invest in more bike and public transport friendly infrastructure) and use what we already have.

Hiromu Arakawa. “Silver Spoon Vol. 6”. Reseña.

A grandes rasgos…

El volumen 6 de Silver Spoon trae a nuestras manos la conclusión a tres cosas que se han ido construyendo desde aproximadamente el volumen 4; algunos podrían decir que incluso desde el volumen 1.

En primer lugar tenemos la competencia debut de Hachiken. Después el festival de la escuela, y finalmente un suceso que prefiero no detallar mucho aquí pero que mencionaré en la parte de los detalles.

Este volumen no resalta por el crecimiento de los personajes en la historia; hemos tenido bastante de eso en los 5 volumenes anteriores, pero eso no siginifica que en este se queden estáticos. Hay un gran momento con Aki casi al final del libro, y Hachiken experimenta en carne propia los resultados de su trabajo duro, en un aspecto tanto negativo como positivo.

Además Ayame aparece por fin. Es ridícula y me cae re-bien.

Lo padre de las historias que tienen como setting una escuela preparatoria o una escuela en general, es que los personajes pueden crecer tanto como sea necesario: aún se está formando su filosofía de vida y sus mentes son en general más maleables, así que da espacio para ponerlos en situaciones interesantes, como por ejemplo la situación de la carne en volúmenes anteriores.

Además, este volumen abre la puerta a nuevas preguntas y a posibles respuestas con respecto a la familia de Hachiken y a su futuro.

Los detalles

Mostrar spoilers

Hachiken se ha estado partiendo el lomo, como vimos al final del volumen anterior.

Tiene tres mil cosas que hacer, y como hemos visto, históricamente parece incapaz de decirle que “no” a alguien, y eventualmente estar tan estresado (tanto física como mentalmente) va a llevarlo a un punto de quiebre.

Esto es importante, ya que Japón tiene uno de los índices más altos de gente que muere por trabajar demasiado. Esta situación en la que Hachiken se ha metido tiene muchísima relevancia cultural, y hasta cierto punto funciona como advertencia para que los chavos[efn_note]Buena y mala onda.[/efn_note] sean más considerados con sus propios límites. En muchos sentidos me identifico con el problema de Hachiken, aunque en lo personal termino trabajando más tiempo porque quiero hacer mil cosas diferentes, más que por tomar responsabilidades que no me corresponden.

Por otro lado, me siento un poco cansado de los chistes de gordos que tienen que ver con Tamako Inada. Aprecio que tenga seguridad en sí misma y un chingo de agencia, pero el humor con respecto a su aparente habilidad de bajar y subir de peso de manera extrema y a voluntad se volvió viejo muy pronto, en mi opinión.

La competencia de equitación está padrísima.

Ah, también ahora sabemos que esta parte de la historia está transcurriendo en 2011. Es bueno saberlo.

También me emociona que parece que Aki le pondrá más atención a sus sentimientos a partir de ahora.

Y… parece ser que habrá más información con respecto al padre de Hachiken y a su familia en el próximo volumen. Kemosión.

Vol. 6 en YenPress

Milorad Pavić. “Dictionary of the Khazars”. Reseña.

UCDL #5: “Moddakasa fue enterrado en una tumba con forma de cabra.”

Dictionary of the Khazars es una novela escrita por Milorad Pavić en 1984, y publicada en su idioma original (serbio) por Prosveta. La edición en inglés, que yo leí, fue publicada en 1988 por Knopf, y su edición en español se titula Diccionario Jázaro y fue publicado por Anagrama en 1989.

Hay tres primeros detalles que es importante resaltar sobre esta novela: Es la primera novela de Pavić; está escrita a modo de diccionario o de enciclopedia y hay dos versiones diferentes del libro, una masculina y una femenina. En cuanto a mi experiencia personal de la novela, es la segunda que leo de Pavić, la primera fue Pieza Única.

Ahora, me gustaría prefaciar esta reseña con la declaración de que Pavić es uno de esos autores que quiero disfrutar a toda costa. Poder decir “Sí, leí una novela del señor Milorad y la disfruté de cabo a rabo y la entendí por completo” es una de mis fantasías más anheladas. Me haría sentir mucho más inteligente de lo que en realidad soy. La verdad es que admiro profundamente los libros de Pavić porque son una genialidad conceptual, pero para mí tienen una complejidad confusa que me pierde en numerosas ocasiones con todos los significados y sugerencias que no alcanzo a entrever, y en ocasiones son tan enredadas las tramas y los sucesos que pierdo el camino de la trama principal, si es que la hay.

Leer a Pavić es una empresa a través de la cual intento sentirme culto e inteligente, pero al final del proceso termino sintiéndome más confundido y tonto que al principio. Con eso en mente, intentaré reseñar esta novela lo mejor que pueda, pero basta decir que no me parece haber entendido adecuadamente la enorme cantidad de temáticas que permean el libro.

Me enteré de la existencia de Pavić por primera vez alrededor de 2014 o 2015. Tuve una larga (3 años) relación a distancia con una chica serbia, y uno de los intercambios culturales que más aprecio que hayamos tenido es que me haya presentado a Pavić y a otros escritores serbios. Una de las características que más me llama la atención de la literatura serbia es lo similar que es en algunos aspectos a la literatura latinoamericana. Los párrafos se llenan de un flujo de pensamiento que no tiene vergüenza de dejarse ir, y sus tramas están permeadas de un tipo eslavo de realismo mágico que es intrigante y fenomenal. Basta leer libros como Atlas descrito por el cielo, de Goran Petrović, o La boca llena de tierra de Branimir Šćepanović para percatarse de que, como en los libros de Cortázar, Borges o García Márquez, existe un delgado telón de surrealismo presente en todo momento a lo largo del texto.

La literatura serbia, he notado también (y la bosnia y croata, si libros como April Fool’s Day de Josip Novaković nos dicen algo), se rige por un pesado bagaje religioso, político y lingüístico, que se acentúa debido a la forzada interacción de las ideologías Cristiana Musulmana y Judía y de las diversas culturas conformadas por los países que fueron Yugoslavia durante la mayor parte del siglo pasado. De estos textos se desprende una cierta melancolía que puede venir quizá de haber perdido parte de su identidad o de sentirse incompletos; también se desprende un orgullo absoluto por una identidad lingüística (principalmente) con la cual no quieren (ni pueden) partir. No pretendo entender los significados de esta melancolía ni de este orgullo, por supuesto, ni creo poder hacerlo nunca: creo que es una constante que está implícita en las personas que nacen en los países ex-Yugoslavos, y que un extranjero como yo es incapaz de entender a fondo.

Pero tener esto en mente ayuda un poco a contextualizar libros como Diccionario Jázaro, una novela cuya premisa parte de la lucha y la división entre tres ideologías religiosas: La Cristiana, la Musulmana y la Judía, que están riñendo entre ellas para interpretar un sueño del Rey Jázaro de forma adecuada y de esta manera conseguir que la tribu Jázara se convierta a su respectiva religión. Como en otros libros eslavos que he leído, la temática religiosa y lingüística forma una parte fundamental de la novela.

Diccionario Jázaro está escrita a modo de diccionario o de enciclopedia. Por lo tanto la historia que cuenta no está dispuesta en un formato temporal tradicional. Es decir, no es una historia que empiece por el principio y termine por el final, sino que todos los sucesos y personajes principales están descritos a forma de entradas en un diccionario. Y no sólo es un diccionario: Hay tres diccionarios, cada uno abogando por un resultado diferente a la polémica Jázara. Estos tres diccionarios, por supuesto, son el Cristiano, el Musulmán y el Judío. Cada uno argumenta que fue su religión la adoptada por el rey Jázaro tras haber resuelto la polémica de su sueño, y cada uno tiene algunas entradas en común y una gran variedad de entradas diferentes.

Las entradas en cada diccionario hablan de personajes en los siglos 8avo y 9no, y de personajes más contemporáneos, tocando no solo a los que estuvieron envueltos en la polémica Jázara, sino también a aquellos que la describieron más adelante, a personajes aledaños, a personajes que la estudiaron en el siglo 20, a conceptos y objetos que rodearon la polémica. Lo interesante es que de cada entrada se desprende un aire de cuento de hadas. Cada entrada comienza con una relación objetiva de la misma, pero rápidamente se convierte en un cuento. De esta manera, este libro es una colección de cuentos interconectados que intentan relatar de manera general una trama específica, pero sin dar al lector demasiadas indicaciones de cómo dilucidar la misma. Es un repositorio de mitos y fábulas basadas en varias culturas pero sin pertenecer de lleno a ninguna.

Yo leí el libro de tapa a tapa; es decir, no intenté una lectura más creativa del volúmen. De esta manera fue más complicado entender la historia. Sin embargo, el formato de diccionario hizo interesante y divertido volver a leer sobre personajes que eran mencionados más adelante. Este formato le da un aspecto de descubrimiento a la historia que es casi adictivo: es como ir conectando los puntos en un caso policial, o en una película de thriller. Pero para que este aspecto de entretenimiento tenga efecto, hay que tener (creo yo) la mente abierta y no desesperarse por no entender el punto del libro.

Porque puede que no tenga uno.

Al final de los tres diccionarios hay una serie de apéndices que ahondan más en detalles específicos de los sucesos más contemporáneos que abordan los diccionarios.

Como mencioné al principio de este artículo, el libro cuenta con dos versiones (predatando a Pokémon por una década o algo así), una femenina y una masculina, las cuales se diferencían por un único párrafo localizado casi al final del diccionario Judío. Esto no es necesariamente un spoiler, y en internet es fácil encontrar cuál es el párrafo en cuestión. La pregunta que acecha a todo el que lee este libro es ¿Era necesario tener dos ediciones de Diccionario Jázaro? Quizá. La diferencia de párrafos trata con la forma en que un personaje específico lidia con una temática de venganza, pero no me siento lo suficientemente preparado para determinar si esto cambia de forma absoluta el libro o no. Puede que esta diferencia de párrafos quiera encontrar un punto medio entre las discusiones teológicas de tres ideologías religiosas, o puede que sea sólo un instrumento de mercadotecnia. Si ya lo leyeron, ¿Qué piensan ustedes?

Me voy a quedar con este libro. Como con Rayuela, creo que es necesario leerlo una segunda vez en un orden diferente para intentar re-contextualizar o entender mejor la trama. Así que intentaré leerlo de nuevo en el futuro (cuando no tenga tantos libros en mi lista), y quizás haga un ensayo al respecto.

UCDL#6 será Siglo de Caudillos, de Enrique Krauze. Gracias por estar.