El futuro de la cultura libre se encuentra en las cadenas de bloques

Desde que empecé a aprender sobre blockchain, o cadenas de bloques, y la inmensa variedad de usos que pueden tener, no he parado de maravillarme y pensar en las posibles aplicaciones y maneras en las que pueden beneficiar al ambiente en línea y a la difusión de cultura en estos tiempos, la llamada “era de la información”.

Este artículo aparecerá no sólo en mi sitio web (jectoons.net), sino también en sitios como read.cash, HIVE y Publish0x, que están familiarizados ya con las cadenas de bloques y las criptomonedas, así que no ahondaré mucho en qué es una cadena de bloques (de nuevo, me gustaría hacer un artículo dedicado a ese tema más adelante, aunque de entrada creo que necesito entenderlas mejor todavía), pero ahí les va una breve explicación:

Una cadena de bloques es como un tipo de base de datos. Los datos están escritos en “bloques” que almacenan información, y hay una progresión histórica lineal de un bloque a otro. Por ejemplo, el bloque 1 tiene los números 1 al 100, el bloque 2 tiene números 101 a 200, y así sucesivamente. La genialidad de las cadenas de bloques es que como son lineales es posible ver exactamente qué información estaba escrita en un bloque anterior y es muy difícil falsificar dicha información.

¿Por qué es difícil falsificar esa información? Porque estas bases de datos se encuentran almacenadas en múltiples lugares, también llamados nodos, que se encargan de verificar que todas las copias de la cadena de bloques sean idénticas. Esto hace casi imposible la falsificación de información, ya que las computadoras cotejan dicha información en su copia con las copias de otras computadoras, creando una base de datos transparente y verificable.

La única forma de cambiar la información en una cadena de bloques es ya sea con un “ataque 51%” o con una división dura.

Ataque 51%: Una sóla entidad controla el 51% de la cadena de bloques y puede alterar la información de tal manera que su versión sea la “auténtica”.
División dura: La mayoría de nodos en una cadena de bloques elige cambiar la dirección de la misma, entonces la cadena de bloques se divide en dos. Puede que la versión vieja de esa cadena de bloques se termine en el bloque en que ocurrió la división, o puede que los nodos que no estuvieron de acuerdo con el cambio sigan manteniendo viva esa cadena, creando de manera efectiva dos cadenas de bloques a partir de una sola.

El denominador común en estos casos es que tiene que haber un acuerdo mayoritario para poder cambiar el código o la dirección de una cadena, lo cual las hace un ejercicio muy cercano a la democracia real.

Es por ello que una de las posibles aplicaciones de uso de las cadenas de bloques sea verificar votos en elecciones políticas o para cotejar datos de inventario.

Pero lo chingón es que muchas personas se han dado la tarea de reinventar las experiencias socio-cibernéticas basándose en las cadenas de bloques. El mejor ejemplo de esto son cadenas como HIVE, que permiten a desarrolladores crear plataformas similares a twitter (D.Buzz) o Facebook (Ecency, aunque no realmente…), que son libres (no hay censura), de código abierto (no confíen en cadenas de bloques que no son de código libre), y son propiedad de los usuarios y mantenidas por los mismos.

Teniendo todo esto en cuenta, se me hace natural que el futuro de la cultura libre (léase: CreativeCommons, Copyleft, Dominio Público) tenga un futuro increíblemente brillante en las cadenas de bloques.

Tengo tres razones principales por las que digo esto.

De entrada las cadenas de bloques que se respeten (Bitcoin, Ethereum, HIVE, Cardano, etc.) son creadas con código libre. Cualquier persona puede leer el código fuente de estas cadenas en lugares como github y ver cómo funcionan y hasta crear sus propias versiones de estas cadenas. Tras el éxito rotundo de Bitcoin a finales de los 2000’s varias cadenas de bloques tomaron como base su código, por ejemplo Dash o Litecoin, y lo hicieron suyo.

Esto es un gran positivo ya que de entrada las cadenas de bloques le pertenecen a todos. Son cultura libre por definición y por principio.

Después tenemos el aspecto de verificación histórica de las cadenas.

Es posible no solamente publicar información (videos, artículos, cómics, imágenes, pinturas, música) en la cadena, sino también verificar cuándo fue publicada y qué usuario fue quien la publicó. Esto minimiza la posibilidad de atribución falsa (plagio) o atribución omisa (robo), ya que es posible corroborar fechas de incepción y usuarios creadores.

Por último tenemos la existencia de divisas nativas de las cadenas de bloques. En Bitcoin es bitcoin, en Ethereum es Ether, en HIVE es Hive (y HBD). Las criptodivisas están aquí para quedarse y cada vez más personas invierten en ellas (aunque recomiendo investigar y entenderlas bien antes de hacer esto), y tienen ya un valor real traducible a divisas nacionales.

Pero varios proyectos (como HIVE o Publish0x u Odysee o Torum o read.cash o noise.cash) permiten participar en las cadenas de bloques y ganar un “sueldo” en estas criptodivisas. Este sueldo es ganado al contribuir contenido original y de calidad, y es determinado por los usuarios de la cadena.

Es decir: es cultura para todos por todos. Es cultura libre.

Las cadenas de bloques en su forma actual no son la forma en la que se verán en los próximos años: tienen muchísimo espacio de crecimiento y en mi opinión son el futuro de la cultura libre y del internet.

Resuelven:

A) Problemas de atribución – gracias a la cualidad histórica y transparente de las cadenas.
B) Problemas de distribución – gracias a que no hay censura y cualquier persona que acceda a la cadena puede ver lo que todo el mundo contribuye, y encontrarlo en los “archivos”.
C) Problemas de control – gracias a que son propiedad de todos los usuarios, no hay un organismo único controlándolas. Léase decentralizadas.
D) Problemas de remuneración – gracias a que existen criptodivisas nativas que son otorgadas a la gente que crea contenido de calidad y original. (Hay futuro con los NFTs, pero de eso hablaré en otro artículo)

Las cadenas de bloques no son perfectas, por supuesto. En el momento en que escribo estas líneas, la creación de nuevos bloques en las cadenas más grandes (Bitcoin y Ethereum) suceden a través de un proceso llamado Prueba de Trabajo, que se trata de poner a trabajar computadoras para resolver problemas matemáticos que validan la creación de nuevos bloques, o los “minan”.

Esto consume mucha electricidad y daña al medio ambiente, sobre todo si esta electricidad viene de fuentes no renovables (combustibles fósiles).

Esto va a cambiar en el futuro; cadenas como HIVE o Cardano no utilizan el proceso de Prueba de Trabajo y en lugar de ello utilizan Prueba de Inversión, en el que los usuarios prestan su posición (es decir, sus criptodivisas) a la cadena para validar los nuevos bloques de la misma. Ethereum va a migrar a Prueba de Inversión en este año, reduciendo el impacto ambiental de la cadena y facilitando su adopción y uso.

Es importante tener esto en cuenta, por supuesto, ya que no puede existir un futuro de cultura libre sin libertad ambiental, que invariablemente implica cuidar y mantener saludable a nuestro planeta.

Por ahora, eso es todo por mi parte. No hay razón para que existan trabajos con Copyright en las cadenas de bloques, ya que los problemas que el derecho de autor resuelve en el “mundo real” no son tan prevalentes en los ecosistemas de las cadenas. Las cadenas de bloques son un ejemplo real y funcional de “la creación se protege compartiéndola”.

El futuro es emocionante.

Hiromu Arakawa. “Silver Spoon Vol. 5”- Reseña.

A grandes rasgos…

El volumen 5 de Silver Spoon avienta nuevos elementos a la historia de Hachiken desde el principio, con el encuentro de un pequeño cachorro que de inmediato adoptan y se vuelve la mascota del club de equitación.

A lo largo del volumen vemos un poco más de detalles sobre la forma de ser y las motivaciones/los complejos de personajes como Mikage y Komaba, que cada vez parecen más y más relevantes y entrelazados con la historia de Hachiken.

Otros personajes llevan varios volumenes brillando sin parar, como Inada, Beppu, Yoshino y Tokiwa. Realmente el elenco que Arakawa armó para su serie es súper sólido.

Tenemos también una breve mirada al psyche de Hachiken y ahondamos más en las razones por las cuáles “huyó” de casa a la preparatoria agricultural Ooezo, y también vemos cómo este nuevo ambiente y sus nuevos amigos lo ayudan a superarlo.

Los detalles.

Mostrar spoilers

La breve secuencia de introducción del perrito, llamado VicePresidente, es excelente. El estudio de Hachiken para entrenarlo y para que lo respete es hilarante, especialmente el comentario de que aprende más rápidamente que Tokiwa.

Cada vez tenemos más piezas del rompecabezas que son los amigos más cercanos de Hachiken en este lugar, Mikage y Komaba. Por un lado, sabemos cuál es el plan a grandes rasgos de Komaba (nos lo contó en el volumen 3, me parece, mientras practicaba beisbol con Hachiken), y cómo el futuro de su familia parece depender por completo de su triunfo como beisbolista. Es padre entronces verlo triunfar y moverse en partidos reales. Si Arakawa escribiera un manga de deportes, estoy seguro que sería tan bueno como Haikyuu.

Por otro lado tenemos a Mikage, que se ha revelado como una chica que tiene muchísimo interés en trabajar con caballos pero cuya familia básicamente necesita que ella se encargue de la granja familiar. Mikage no se queja porque sabe que su familia la necesita. Entonces tanto Komaba como Mikage se encuentran en una situación en la que deben poner a su familia antes que a ellos mismos: Komaba tiene la oportunidad de poder determinar en qué calidad ayuda a su familia (pero sólo tiene una oportunidad de hacerlo bajo sus propios términos), mientras que Mikage parece tener que ir con la corriente.

Esto se entrelaza con la manera en que Hachiken ha sido empujado por su familia (parece ser que su papá, principalmente) a tener ciertos estándares con respecto a sus estudios y desempeño académico, a tal punto que no pudo más y tuvo que “huir” para tener un respiro del ambiente opresivo de expectativas en su hogar.

Creo que a pesar de que la temática de las expectativas por parte de nuestros padres es algo con lo que cualqueir persona en el mundo puede relacionarse de inmediato, es particularmente intenso en países como Japón, donde hay cierto status quo que debe ser mantenido para que la estabilidad social continúe en orden. Por ende, quizás incluso irónicamente, muchos de los personajes de manga y de series son individuos que rompen con este status quo y forjan su propio camino, a pesar de sus superiores y ambientes.

Me parece que Arakawa consigue ilustrar tres puntos de vista diferentes de expectativas sobre las que enfocarse y les da suficiente substancia para que sean súper interesantes y que además trabajen bien unos con otros.

Los demás personajes en Ooezo parecen también estar luchando con ciertas expectativas externas, sin embargo me gusta mucho cómo hay armonía entre las historias de Hachiken, Mikage y Komaba.

Sin decir mucho más sobre el volumen, que tiene partes muy padres (saber por qué Hachiken se clava tanto con estudiar y querer ser el mejor, por ejemplo), quiero decir que el final, cuando se da cuenta de que tiene demasiadas cosas que hacer porque toma responsabilidades que no tiene que tomar, necesariamente, se sintió bastante cercano a como me siento aventándome mil proyectos a la espalda.

#relatable.

Con el volumen 5 estamos ya a un tercio de la historia de Hachiken. Me parece que en su momento el equivalente a 10 volumenes, así que aún estoy en territorio conocido, pero estoy disfrutando mucho esta relectura.

Gracias por estar.

Mi mataplantas

Mi mataplantas no era mío, aunque actuaba como si lo fuera.

Nunca lo vi; en ningún momento escuché su paciente y lento caminar, ni sentí el aire que emitía cuando movía sus manos en un arco amplio, tocando con la yema de cada dedo todas las hojas de todas las plantas en mi hogar, pero sabía que estaba ahí. Lo que no sé es cómo, ni por qué, se prendó de mí.

¿Qué ofensa pude haberle causado? ¿Qué falta podría haber incurrido? No era una persona que se ensañara con los demás, y procurabao mantenerme al margen y no entrometerme en lo que no me incumbía. Y sin embargo me atormentaba, mi mataplantas, me robaba de la compañía de esos seres silenciosos y rebozantes de color que un día adornaron los pasillos de la vieja casa en que habité.

Siempre fui aficionado a la jardinería, desde antes de crecer y darme cuenta de que jamás tendría un jardín propio. Acompañé mi infancia de libros de botánica y enciclopedias con bellas imágenes de frondosos árboles. Pronto dejé la escuela, para horror de mis padres, que me desheredaron de inmediato, y tomé un trabajo como jardinero de tiempo completo en una de esas casonas habitadas por gente que tiene más dinero del que puede usar. Ellos quieren tener un jardín para presumir de su riqueza, pero el bienestar del mismo no les interesa más allá de un beneficio estético al cuál pueden apuntar y decir “Miren, miren la belleza de mi hogar”. No se percatan de que debían toda esa belleza a las plantas que yo cuidaba con cariño y devoción.

Pero lo que ellos pensaran o hicieran me importaba un bledo. Al fin y al cabo, en mis ojos eran benefactores que me permitían dedicarme a algo que amo, fuera o no su intención ayudarme a mí o a las plantas. Desgraciadamente el pago no era mucho, y aunque yo me hubiera dado por bien servido con tener el privilegio de cuidar de plantas, necesitaba comer, necesitaba energía para levantarme cada día y podar y hablar con mis amigos árboles, y regarlos y barrer sus hojas y asegurarme de que no hay plaga. Qué más hubiera querido depender del sol y el agua, como ellos.

Primero rentaba en un departamentucho donde ni siquiera entraba el sol; mi cama y la silla vieja donde colgaba mi ropa no dejaban espacio para nada más. Tras un par de décadas de ahorrar, con la cabeza baja y trabajo duro, conseguí comprarme una casa vieja, de concreto frío y muerto. Eso acabó con mis ahorros, y supe que no podría adquirir un mejor espacio para mí más adelante, no sin estudios y con mi pequeñísimo sueldo.

Comencé a coleccionar plantas una tarde lluviosa en que salí a caminar por el monte, a aspirar el olor a tierra mojada y a llenarme de la humedad que bañaba el pasto y los arbolitos a mi alrededor. Noté una colina deslavada al doblar un recodo del camino, y entre la tierra desprendida había un retoño de un árbol nativo de la región. Sin pensarlo dos veces, conmovido por su desventura, me quité mi vieja camisa y coloqué el retoño junto con un poco de tierra en ella. Regresé de inmediato a mi hogar, medio desnudo y tiritando de frío, y puse el retoño en el montón de tierra en una esquina del pasilo. Sabía sin embargo que eso no sería suficiente. Al día sguiente pedí permiso a mis patrones de llevarme una maceta rota de la bodega, y me miraron con una mezcla de diversión y confusión. “Es sólo una maceta. Llévate las que quieras, Alfonso”. Nunca los quise tanto.

Así comenzó mi colección de plantas. Poco a poco fui tomando retoños y plantas del monte, y fui reutilizando ramas de las que cortaba durante mi trabajo, y sembrándolas en unas cuantas macetas que mis patrones me hicieron el favor de obsequiarme. Pero pronto mi colección de plantas empezó a crecer tanto que tomar más macetas de mis patrones me empezó a parecer un abuso, y decidí aprender a hacer mis propias macetas.

Tuve también que perforar varios agujeros en el techo para que la luz entrara y nutriera a mis plantas, que crecieron contentas y llenaron de verde y de vida el espacio gris que solía ser mi vivienda. Ahora todo era alegría.

No duró, sin embargo. Fue alrededor de estas fechas que mi mataplantas hizo su primera aparición.

Mi mataplantas hacía exactamente eso: mataba las plantas que encontraba en su camino. Al principio no me percaté de su presencia, a pesar de lo clara que era. Un retoño recién traído del monte murió de pronto, sin razón alguna, y de manera casi automática tras ser transplantado a una maceta nueva. Me di la vuelta para tomar un contenedorcito con agua para regarlo, y cuando me volví, había expirado.

La confusión que se alzó en mí fue reemplazada por una tristeza por el potencial perdido, y para reconfortarme podé un poco un arbusto que estaba creciendo de manera saludable en mi habitación. No me olvidé del retoño, pero me distraje lo suficiente para dejar de analizar su repentina muerte.

Después fue un arbolito de más edad, un arce del amor con bellísimas hojas rojas, que de repente se secaron una a una y su tronco se volvió hueco y gris. Fue entonces que me percaté de que algo estaba mal. Conteniendo la tristeza, examiné el cadáver de mi arce para ver si una plaga maldita se había infiltrado en mi hogar, pero no hallé nada que me indicara tal intromisión. Esto hizo aún más preocupante cuando una tercera planta, otro pequeño arbusto de flores púrpuras, se secó un par de días después.

En pánico, tomé todas las plantas a su alrededor y las encerré en un cuarto-bodega donde guardaba mis herramientas, y me llevé el resto de las plantas a mi habitación, donde hicieron más difícil el acceso pero me sentí con cierto confort de que ahí estarían seguras.

Con todo esto en mente, seguía yendo a trabajar, y la calidad de mi jardinería comenzó a bajar. Podaba árboles de más, regaba el pasto de menos, y mis patrones comenzaron a notarlo. No me dijeron nada, pero supe que algo pasaba cuando el contacto con ellos se volvió todavía más distante que de costumbre entre trabajador y patrón. Uno pensaría que tras décadas de trabajar ahí habría confianza suficiente, o tal vez un enlace que nos acercara, pero no era el caso.

El acabose llegó cuando esta entidad, este mataplantas me siguió al trabajo un día, y en una semana la mitad de los árboles del jardín de mis patrones se secó, como si de pronto algo les hubiera chupado la vida. Fui retirado de mi puesto de inmediato, amenazado incluso, entre gritos y reclamos de que había envenenado a su bello jardín. Me dolió más la muerte de sus plantas que el despido; después de todo ese espacio verde era más mío de lo que jamás fue de ellos.

Me resguardé en mi casa, aún encerrado en mi habitación con mis árboles sobrevivientes, temeroso de lo que ahora llamaba mi mataplantas, mi martirio, mi tortura. Le grité mil veces, hasta quedarme ronco, que me dejara en paz, que no se llevara al resto de mis amores, de mis verdes compañeros, pero todo fue en vano. De pronto se abrió la puerta de alguna forma, y las hojas de las plantas a mi alrededor comenzaron a caer, secas y deshechas.

Con lágrimas en los ojos las recogí del suelo, junto con las ramas frágiles que también caían a mi alrededor, la masacre ahora imparable. Me abracé a los vestigios de mis plantas, y lloré.

Sentí de repente un peso en los hombros, y alcé la vista. Ya nada podía quitarme esta escoria, todo en mí estaba muerto, y sin embargo seguía ahí. Invisible. Perpetuo. Abrí las manos y dejé caer los restos de mis plantas y me miré los dedos. Entre temblores y respiraciones profundas, me percaté de que mi piel comenzaba a ponerse de una tonalidad entre verdosa y marrón, y cada vez que inhalaba sentía que mis pulmones se expandían y susurraban como las hojas en las copas de los árboles.

Aturdido sacudí mis manos, y noté que todo se volvía rígido, mis brazos y mi torso, mi cuello y mis hombros. Me levanté con trabajo y comencé a caminar hacia la puerta, con la idea de pedir ayuda, pero me colapsé a un par de pasos del umbral. Mis dedos y mis piernas se convirtieron en raíces, que perforaron el concreto de mi hogar, y me sentí alzarme hasta chocar contra el techo, atravesarlo y remontarme más alto que los edificios a mi alrededor. Ahora todo era azul y blanco, y los pájaros a mi alrededor se posaban sobre mis ramas.

Caí en la cuenta de que ahora era presa fácil para mi demonio, mi mataplantas, y que volvería a por mí, y esperé a que llegara a terminar con mi existencia, a secar mis hojas y a drenar mi tronco de su vitalidad, pero días pasaron y seguí donde estaba. La gente me miraba desde el suelo, confundidos por la súbita aparición de este gigantesco visitante en medio de la ciudad. No había venido solo, tampoco, sino que mi transformación había afectado el suelo a mi alrededor, cubriendo de pasto y vida todo a su alrededor.

Mi mataplantas no volvió por mí, pero conforme las semanas transcurrieron noté que más árboles se alzaban silenciosos a mi alrededor, algunos un poco más pequeños, otros más altos, con copas frondosas y troncos gruesos, o con pocas ramas y troncos delgados y torcidos. Pasados unos años, de lo que antaño eran edificios sólo quedaban restos, y en lugar de eso todo era bosque.

Mi mataplantas no era mío, al menos no me hubiera gustado que lo fuera, pero mis raíces hoy tiemblan de pensar que quizás mi mataplantas era yo.

Julio Cortázar. “La vuelta al día en ochenta mundos”. Reseña.

UCDL #4: “[…] Después este cronopio va a un Fotomatón y se hace retratar de la forma siguiente: las cinco primeras fotos muy serio, y la última sacando la lengua. Esta última el cronopio se la guarda para él y está contentísimo con esta foto”.

La vuelta al día en ochenta mundos es una colección de historias, ensayos y críticas escrita por Julio Cortázar y publicada originalmente en dos volúmenes (al estilo de Último Round) en 1967 por Siglo XXI Editores. La edición que yo leí es un volumen único publicado en 2010 por RM Editores.

Antes que nada me gustaría establecer que este libro debería ser leído casi exclusivamente por alguien familiarizado con los trabajos de Cortázar. En él se hace mención no solo a Rayuela y a elementos de esa novela, sino también a Cronopios, Famas y Esperanzas, y de igual modo el tipo de prosa y lo alargado de los párrafos podría resultar cansado para alguien que no haya leído (y de preferencia, que disfrute) los trabajos de Cortázar.

Con todo y todo, La vuelta al día… me parece un libro sumamente personal. Casi podría decirse que es una suerte de diario, o de libreta, que Cortázar mantenía cerca y en la que escribía cosas cuando se le ocurría. La variedad de textos es sumamente diversa, y a pesar de no ser un libro muy largo (como 220 páginas), el formato y la forma en que está impresa hace que se sienta como un volumen que vale más de lo que aparenta.

En primer lugar evaluemos la edición:

Me gusta cuando los libros están editados en formatos poco usuales, por ejemplo la forma horizontal y alargada de este. Además es genial la ilustración de portada, que es casi como un zoótropo.

Pero eso no es lo más padre del libro; creo que donde verdaderamente brilla es en la distribución de textos e imágenes denreo del mismo. Como con su libro almanaque, Último Round, Cortázar y sus editores hacen uso de una gran variedad de imágenes para acompañar sus textos.

Hasta mi gato se emocionó con la mención de Teodoro W. Adorno.

Sí, la edición en sí es bastante padre. Mi única queja es que por el tipo de encuadernación, cada vez que abres el libro sobre una superficie plana, se siente como si se fuera a deshojar.

Pero RM siempre ha tenido ediciones que llaman la atención y que vale la pena por lo menos hojear, como Almadía.

En cuanto al contenido del libro, viene y va, si soy totalmente honesto. Soy muy fan del Cortázar que juega con los cuentos, no tanto así del Cortázar que se explaya en ctítica literaria poblada de snobbismo de intelectual conocedor. No es que me moleste, necesariamente, pero más bien que sé que está un grado más allá de lo que alcanzo a apreciar como lector, y termina por perderme y frustrarme, y en todo caso en la mayoría es más falta mía que la falta del autor.

Hay, por ejemplo, una reseña con análisis completo de varios párrafos de Paradiso, del autor cubano José Lezama Lima, un libro que no he leído y que en este libro tuve que leer sin contexto alguno, intentando entender qué es lo que Cortázar quería comunicarme, y siento que he llegado a este libro poco preparado.

En cuanto a los cuentos, la gran mayoría de los (pocos) cuentos en este volumen están disponibles en la compilación de sus cuentos completos, y hay unos que son absolutamente encantadores, como por ejemplo el de la mano que vuela y visita a un autor sin nombre en su estudio.

Lo verdaderamente interesante del libro, como con Último Round son varias de las anécdotas a forma de cuentos no-ficticios que Cortázar incluye. Vuelven al libro una suerte de vínculo de complicidades entre el lector y el autor, casi como si estuviéramos sentados tomándonos un café y Cortázar nos relatara cosas. Es una sensación bastante padre, cuando las historias, como mencioné, no son inaccesibles para un lector promedio (como me considero yo, por ejemplo).

En general, un libro que creo interesante conservar y tener si se es fan de Cortázar, aunque como dije al principio, para un lector casual de Cortázar quizás no tenga mucho sentido y confunda la sinuosidad con la que el autor se mueve de un relato a otro.


UCDL#5 Será Dictionary of the Khazars, de Milorad Pavic, o Siglo de Caudillos, de Enrique Krauze, el que termine primero.

Years later, I am still appalled by “Yesterday”‘s untapped potential

Yesterday (2019 poster).png

I don’t watch many movies, which is a tad odd given that I work in the movie/tv industry, but that’s the truth. As such, there are very few movies that truly get me excited, and usually it takes a bunch of convincing (from myself and others) to get me to go to the theatre to watch a a new film.

Yesterday (Dir. by Danny Boyle, Universal Pictures, 2019) was a movie that since I saw the trailer I was eager to watch. The premise is wonderful: One day everyone forgets that the Beatles ever existed, except for a single person, Jack Malik (played by Himesh Patel), a struggling musician who takes advantage of the situation and decides to take credit for their music, becoming incredibly famous.

If you haven’t watched the movie, I recommend you do before you read this, because there will be SPOILERS.

As I said, I was so excited to watch Yesterday, both because I love the Beatles and because I have thoroughly enjoyed Danny Boyle’s movies in the past. And while watching it I remember kind of enjoying it.

But then, as the film progressed, I felt a certain surge of uneasiness rise within me. I first attributed this to what I have dubbed “The Film School Graduate Curse”, in which now movies are held to a higher standard for no other reason than you kind-of understand the way movies are made due to having gone to Film School. It is a petulant curse to have and I wish I didn’t have it, since I enjoyed movies waaay more before going to film school, but I can’t deny I have it and while it makes me uncomfortable to admit that I am a bit petulant when it comes to films, I have to admit I am. It’s a full disclosure kina thing.

Once the credits rolled though, and I examined the whole movie in my head, I realized it wasn’t my curse rising up.

The movie wasn’t good. The premise was underdeveloped. The story left a lot of questions open-ended just because they weren’t brave enough to pursue an answer to them. What the heck. Bear in mind this is a 2 year old movie and it still bothers me.

My two main issues with the movie are

  • The wasted potential of The Beatles never having existed and the impact of that in modern society and musical culture
  • The fact that the romantic comedy part of it took over the interesting premise and it vouches for certain unhealthy dynamics in romantic relationships.

First the wasted potential. Jeez, how infuriating this is.

So the Beatles never existed. In a hypothetical universe where this happens, what would the musical scene have looked like? What bands would have taken their place? Would Ed Sheeran even exist? (Because let’s remember he was for some reason a super important part of the plot) Not only that, but would Ed Sheeran’s songs even sound the same way they do? The movie makes no effort to try to find out, they just kept everything the exact same way, just sans Beatles. That makes no sense. What if Sheeran’s parents met or fell in love to a Beatles’ song? Maybe he would have never been born. This would have been a great chance to use actual celebrities like Sheeran as actors, but changing their demeanor, profession or style! There was also a focus on Oasis’ “Wonderwall”. Would that song have existed without the Beatles? Maybe not!

Let’s assume things would have been the same, like in the movie. Everyone would revere the music of The Kinks, maybe, or The Hollies, or maybe The Who would be even bigger than it is now. And that’s just assuming that the “British invasion” would have been as prominent without The Beatles. There was this weird thing in the movie where everybody treated Jack’s music, the stuff he stole from the Beatles, as if it was the best music ever written. Don’t get me wrong, I love the Beatles, but I think it simplifies things too much to say they were the best of the best of the best and everything they wrote was too good to ever be surpassed by anything else. No single musician has this quality, in my opinion, as much as we like an artist there will never be an objective “best of the best”, because music taste is super subjective. Plus after 60 years, with how interesting and elaborate and profound music in general has become, I can see how The Beatles would have become less revolutionary.

The only way in which Beatles music would have made as big a splash nowadays, as it did in the movie, would have been if the global music scene hadn’t changed at all since the 60s. Now that would have been an interesting place to take it to.

The filmmakers could have taken the chance to make a different (not necessarily extremely so, but reasonably so) society for Jack to find himself in, where pop culture has changed due to the fact that 60 years of art/music inspired by the Beatles are gone. Then, maybe, that’s why The Beatles’ music would have been so successful in this new world. Instead they made a half-hearted “everything is exactly the same just. Just with no Beatles. Ugh.

And these are just my ideas, from playing with the concept for about 20 minutes, and I am sure Hollywood has plenty of people more creative than I am. The movie’s budget, according to Wikipedia, was somewhere between 26 and 41 million US dollars. So much could have been done with that. Let’s move on.

Now, the romantic comedy bit.

Did it have to be a romantic comedy? I don’t think so. I think the love interest bit and the one sided attraction from Ellie (played by Lily James) to clueless Jack was charming and a good aspect of the film, but I don’t think it had to take over. The unhealthy dynamics that I referred to previously is the fact that once Ellie confesses to Jack, he realizes he actually liked her all along, but since Ellie doesn’t want famous Jack, she wants the Jack that she fell in love with (earnest, kind), she decides it’s time to move on. Plus, he never really noticed, and she’s tired of waiting.

Two things about this: first, she could have made the first move. The trope of the female character waiting for the male to make a move is so outdated and silly nowadays. Give some agency to your female characters, for crying out loud. Putting that aside, I think her decision to move on is good. Like, really good. Especially if the direction in which Jack is going is not something she wants to be involved with. If Jack is so immature that he gets FOMO now that he knows she loves him, that’s on him, and it’s not her responsibility to take him in now that he is suddenly into her.

And it seemed that she would move on and Jack would end up having to deal with the fact that he missed out on a potentially good relationship with a person close and dear to him. That would have been a good opportunity for growth and development, especially after the way he gives up on his fame dream at the end. If he manages to grow and move on in spite of that, that demonstrates he has learned from his journey. But instead she dumps her actually lame boyfriend (who happens to look kinda like George Harrison? That’s… not kind to Harrison, filmmakers) and gets together with him and they live happily ever after. Sigh.

I don’t know, it didn’t feel warranted. It felt like a cheap way to have a happy ending and tie “loose ends” that didn’t need tying? They didn’t need to get together, in my opinion. I was more interested in learning why the whole Beatles never existing happened, and why only a handful of people remembered them (did they all get hit by a bus? I don’t recall them explaining this and I won’t watch the movie again).

One minor criticism: Patel’s singing of “Help!” was obnoxious.

On the other hand, it was a very pretty film, quite well made, and the photograpgy and cinematography were wonderful. Also the crazy manager (played by Kate McKinnon) was fantastic.

But yeah. That’s pretty much the rant I go over in my head every time I remember how much the untapped potential of this movie infuriates me. Jee. Pers.

Thanks for reading.