Mi mataplantas

Mi mataplantas no era mío, aunque actuaba como si lo fuera.

Nunca lo vi; en ningún momento escuché su paciente y lento caminar, ni sentí el aire que emitía cuando movía sus manos en un arco amplio, tocando con la yema de cada dedo todas las hojas de todas las plantas en mi hogar, pero sabía que estaba ahí. Lo que no sé es cómo, ni por qué, se prendó de mí.

¿Qué ofensa pude haberle causado? ¿Qué falta podría haber incurrido? No era una persona que se ensañara con los demás, y procurabao mantenerme al margen y no entrometerme en lo que no me incumbía. Y sin embargo me atormentaba, mi mataplantas, me robaba de la compañía de esos seres silenciosos y rebozantes de color que un día adornaron los pasillos de la vieja casa en que habité.

Siempre fui aficionado a la jardinería, desde antes de crecer y darme cuenta de que jamás tendría un jardín propio. Acompañé mi infancia de libros de botánica y enciclopedias con bellas imágenes de frondosos árboles. Pronto dejé la escuela, para horror de mis padres, que me desheredaron de inmediato, y tomé un trabajo como jardinero de tiempo completo en una de esas casonas habitadas por gente que tiene más dinero del que puede usar. Ellos quieren tener un jardín para presumir de su riqueza, pero el bienestar del mismo no les interesa más allá de un beneficio estético al cuál pueden apuntar y decir “Miren, miren la belleza de mi hogar”. No se percatan de que debían toda esa belleza a las plantas que yo cuidaba con cariño y devoción.

Pero lo que ellos pensaran o hicieran me importaba un bledo. Al fin y al cabo, en mis ojos eran benefactores que me permitían dedicarme a algo que amo, fuera o no su intención ayudarme a mí o a las plantas. Desgraciadamente el pago no era mucho, y aunque yo me hubiera dado por bien servido con tener el privilegio de cuidar de plantas, necesitaba comer, necesitaba energía para levantarme cada día y podar y hablar con mis amigos árboles, y regarlos y barrer sus hojas y asegurarme de que no hay plaga. Qué más hubiera querido depender del sol y el agua, como ellos.

Primero rentaba en un departamentucho donde ni siquiera entraba el sol; mi cama y la silla vieja donde colgaba mi ropa no dejaban espacio para nada más. Tras un par de décadas de ahorrar, con la cabeza baja y trabajo duro, conseguí comprarme una casa vieja, de concreto frío y muerto. Eso acabó con mis ahorros, y supe que no podría adquirir un mejor espacio para mí más adelante, no sin estudios y con mi pequeñísimo sueldo.

Comencé a coleccionar plantas una tarde lluviosa en que salí a caminar por el monte, a aspirar el olor a tierra mojada y a llenarme de la humedad que bañaba el pasto y los arbolitos a mi alrededor. Noté una colina deslavada al doblar un recodo del camino, y entre la tierra desprendida había un retoño de un árbol nativo de la región. Sin pensarlo dos veces, conmovido por su desventura, me quité mi vieja camisa y coloqué el retoño junto con un poco de tierra en ella. Regresé de inmediato a mi hogar, medio desnudo y tiritando de frío, y puse el retoño en el montón de tierra en una esquina del pasilo. Sabía sin embargo que eso no sería suficiente. Al día sguiente pedí permiso a mis patrones de llevarme una maceta rota de la bodega, y me miraron con una mezcla de diversión y confusión. “Es sólo una maceta. Llévate las que quieras, Alfonso”. Nunca los quise tanto.

Así comenzó mi colección de plantas. Poco a poco fui tomando retoños y plantas del monte, y fui reutilizando ramas de las que cortaba durante mi trabajo, y sembrándolas en unas cuantas macetas que mis patrones me hicieron el favor de obsequiarme. Pero pronto mi colección de plantas empezó a crecer tanto que tomar más macetas de mis patrones me empezó a parecer un abuso, y decidí aprender a hacer mis propias macetas.

Tuve también que perforar varios agujeros en el techo para que la luz entrara y nutriera a mis plantas, que crecieron contentas y llenaron de verde y de vida el espacio gris que solía ser mi vivienda. Ahora todo era alegría.

No duró, sin embargo. Fue alrededor de estas fechas que mi mataplantas hizo su primera aparición.

Mi mataplantas hacía exactamente eso: mataba las plantas que encontraba en su camino. Al principio no me percaté de su presencia, a pesar de lo clara que era. Un retoño recién traído del monte murió de pronto, sin razón alguna, y de manera casi automática tras ser transplantado a una maceta nueva. Me di la vuelta para tomar un contenedorcito con agua para regarlo, y cuando me volví, había expirado.

La confusión que se alzó en mí fue reemplazada por una tristeza por el potencial perdido, y para reconfortarme podé un poco un arbusto que estaba creciendo de manera saludable en mi habitación. No me olvidé del retoño, pero me distraje lo suficiente para dejar de analizar su repentina muerte.

Después fue un arbolito de más edad, un arce del amor con bellísimas hojas rojas, que de repente se secaron una a una y su tronco se volvió hueco y gris. Fue entonces que me percaté de que algo estaba mal. Conteniendo la tristeza, examiné el cadáver de mi arce para ver si una plaga maldita se había infiltrado en mi hogar, pero no hallé nada que me indicara tal intromisión. Esto hizo aún más preocupante cuando una tercera planta, otro pequeño arbusto de flores púrpuras, se secó un par de días después.

En pánico, tomé todas las plantas a su alrededor y las encerré en un cuarto-bodega donde guardaba mis herramientas, y me llevé el resto de las plantas a mi habitación, donde hicieron más difícil el acceso pero me sentí con cierto confort de que ahí estarían seguras.

Con todo esto en mente, seguía yendo a trabajar, y la calidad de mi jardinería comenzó a bajar. Podaba árboles de más, regaba el pasto de menos, y mis patrones comenzaron a notarlo. No me dijeron nada, pero supe que algo pasaba cuando el contacto con ellos se volvió todavía más distante que de costumbre entre trabajador y patrón. Uno pensaría que tras décadas de trabajar ahí habría confianza suficiente, o tal vez un enlace que nos acercara, pero no era el caso.

El acabose llegó cuando esta entidad, este mataplantas me siguió al trabajo un día, y en una semana la mitad de los árboles del jardín de mis patrones se secó, como si de pronto algo les hubiera chupado la vida. Fui retirado de mi puesto de inmediato, amenazado incluso, entre gritos y reclamos de que había envenenado a su bello jardín. Me dolió más la muerte de sus plantas que el despido; después de todo ese espacio verde era más mío de lo que jamás fue de ellos.

Me resguardé en mi casa, aún encerrado en mi habitación con mis árboles sobrevivientes, temeroso de lo que ahora llamaba mi mataplantas, mi martirio, mi tortura. Le grité mil veces, hasta quedarme ronco, que me dejara en paz, que no se llevara al resto de mis amores, de mis verdes compañeros, pero todo fue en vano. De pronto se abrió la puerta de alguna forma, y las hojas de las plantas a mi alrededor comenzaron a caer, secas y deshechas.

Con lágrimas en los ojos las recogí del suelo, junto con las ramas frágiles que también caían a mi alrededor, la masacre ahora imparable. Me abracé a los vestigios de mis plantas, y lloré.

Sentí de repente un peso en los hombros, y alcé la vista. Ya nada podía quitarme esta escoria, todo en mí estaba muerto, y sin embargo seguía ahí. Invisible. Perpetuo. Abrí las manos y dejé caer los restos de mis plantas y me miré los dedos. Entre temblores y respiraciones profundas, me percaté de que mi piel comenzaba a ponerse de una tonalidad entre verdosa y marrón, y cada vez que inhalaba sentía que mis pulmones se expandían y susurraban como las hojas en las copas de los árboles.

Aturdido sacudí mis manos, y noté que todo se volvía rígido, mis brazos y mi torso, mi cuello y mis hombros. Me levanté con trabajo y comencé a caminar hacia la puerta, con la idea de pedir ayuda, pero me colapsé a un par de pasos del umbral. Mis dedos y mis piernas se convirtieron en raíces, que perforaron el concreto de mi hogar, y me sentí alzarme hasta chocar contra el techo, atravesarlo y remontarme más alto que los edificios a mi alrededor. Ahora todo era azul y blanco, y los pájaros a mi alrededor se posaban sobre mis ramas.

Caí en la cuenta de que ahora era presa fácil para mi demonio, mi mataplantas, y que volvería a por mí, y esperé a que llegara a terminar con mi existencia, a secar mis hojas y a drenar mi tronco de su vitalidad, pero días pasaron y seguí donde estaba. La gente me miraba desde el suelo, confundidos por la súbita aparición de este gigantesco visitante en medio de la ciudad. No había venido solo, tampoco, sino que mi transformación había afectado el suelo a mi alrededor, cubriendo de pasto y vida todo a su alrededor.

Mi mataplantas no volvió por mí, pero conforme las semanas transcurrieron noté que más árboles se alzaban silenciosos a mi alrededor, algunos un poco más pequeños, otros más altos, con copas frondosas y troncos gruesos, o con pocas ramas y troncos delgados y torcidos. Pasados unos años, de lo que antaño eran edificios sólo quedaban restos, y en lugar de eso todo era bosque.

Mi mataplantas no era mío, al menos no me hubiera gustado que lo fuera, pero mis raíces hoy tiemblan de pensar que quizás mi mataplantas era yo.

Hiromu Arakawa. “Silver Spoon Vol. 4” – Reseña

A grandes rasgos…

En este volumen se cierra el segundo arco narrativo de la serie, que como ya sabemos está dividida en temporadas. Así que acá culmina el verano.

Arakawa no decepciona: El segundo arco de Silver Spoon culmina tan fuerte como el primero, y al mismo tiempo apenas siento que empezamos a conocer a Hachiken, su hermano y sus amigos.

El arco del verano termina con toda la polémica de Pork Bowl; hay un intermedio con encuentros cercanos del tercer (?) tipo y finalmente el otoño comienza.

Algo que me gusta mucho de los personajes femeninos de Arakawa es que tienen mucha agencia, y aunque de la callada Aki no sabemos suficiente aún, en este volumen por fin empezamos a ver más de su personalidad, sus pasiones y lo que quiere. Y también vemos más misterios, con ella y con Komaba.

Hasta ahora, una excelente lectura que fluye como agua.

Los detalles

Mostrar spoilers

Todavía el volumen 5 había leído a través de scanlations entre 2011 y 2012. No recuerdo muy bien, pero me parece que esta serie era bimestral (un capítulo cada dos meses, tal como lo fue Fullmetal Alchemist), y estaba disfrutando los capítulos bastante.

Pero no me acordaba de varias cosas.

Algo de lo que he hablado en reseñas anteriores de esta serie es el debate interno de Hachiken sobre comer o no carne, y una cosa que he dicho es que la ejecución de la solución me parecía algo floja. Leyendo este volumen, Arakawa se reivindica un poco, ya que una de las cosas que Hachiken dice al finalizar el arco del verano es “No es tan sencillo decir ‘ah bueno, así son las cosas, comemos carne y punto’; creo que determinar si comer carne o no va a ser un debate interno en mí durante toda mi vida” (no lo dice de esta manera, estoy parafraseando), pero me parece un buen punto intermedio al cual llegar. Sigue siendo un poquitín flojo porque (hasta donde recuerdo), esto no se vuelve a mencionar en el resto de la serie, pero creo que dejar el debate abierto con esa frase es interesante.

Entiendo el valor simbólico también de que Hachiken comprara la carne de Pork Bowl e hiciera tocino con ella. Como yo lo interpreto era un “Tengo que acostumbrarme a tomar responsabilidad por lo que crio y lo que como”. Y también se presta a tener importancia narrativa cuando reparte y vende el tocino que hace a partir de la carne.

Con eso terminado, la secuencia del area 51, dos capítulos entre el verano y el otoño, es bastante entretenida. Hasta una escena de acción hay.

Mencioné en a grandes rasgos que me gusta mucho la agencia que tienen los personajes femeninos de Arakawa, y creo que esto se ve especialmente ejemplificado en la escena en la que Hachiken demanda saber de qué hablaban Mikage y Komaba, y Mikage simplemente le dice que no se meta.

También me gusta que después de deprimirse por ello (y una plática con el directorcito), Hachiken decide sólo ayudar como pueda y no molestar. Es mejor hacer eso con los amigos: te contarán lo que te quieran contar cuando estén listos para hacerlos. Lo único que puede hacer uno es estar ahí para ellos.

Y ya se viene el festival.

Esta serie es hasta ahora muy buena, y sigue siendo súper recomendable.

Vol 4 en YenPress

Hiromu Arakawa. “Silver Spoon Vol. 2” – Reseña

A grandes rasgos…

El volumen 2 de Silver Spoon de Hiromu Arakawa continúa los primeros meses de Yuugo Hachiken en la preparatoria agricultural Ooezo. La forma en que la historia parece estar estructurada es por estaciones, y es en este volumen en que vemos la transición de primavera a verano.

En este libro pasa gran parte de mis momentos favoritos del manga. Vale la pena mencionar que lo que sucede acá ya lo había leído en línea cuando usaba los scanlations, en 2012 y 2013, así que leer esto fue un grato recordatorio de por qué me gusta tanto la serie.

Varias amistades se ven profundizadas, personajes cuya superficie sólo alcanzamos a rasguñar en el volumen pasado empiezan a tomar un protagonismo mayor y Hachiken empieza a sentirse (aunque no quiere o no puede reconocerlo) parte de algo.

El volumen 2 de Silver Spoon de Hiromu Arakawa es tan bueno, si no mejor, que el primero.

Los detalles.

Mostrar spoilers

En definitiva uno de mis momentos favoritos de la primera “temporada” de Silver Spoon es el final de la primavera, con la fiesta de pizza organizada por Hachiken. Es esta fiesta lo que en primera instancia lo hace sentirse que pertenece a este ambiente en el que se ha sentido tan fuera de lugar por meses, y es muy padre verlo encajar con sus compañeros.

No es el único momento interesante en este volumen, por supuesto. Tenemos el dilema con el marranito al que Hachiken le puso nombre, Pork Bowl, y que tendrá que ser llevado al matadero en sólo tres meses.

Este volumen profundiza un poco más en la temática de reconocer y apreciar de dónde viene la comida que consumimos, un tema con el que Arakawa jugó un poco en el primer volumen al mostrarle a Hachiken que los huevos pueden ser deliciosos a pesar de venir del ano de una gallina. En los capítulos que este libro comprende lo vemos lidiar tanto con Pork Bowl como con un cervatillo al cual debe destasar.

Creo que habría sido interesante si la historia hubiera tomado un rumbo diferente, por ejemplo si Hachiken hubiera decidido que comer carne no era lo suyo después de ver el trato a los animales o de dónde viene la comida. Desde una perspectiva cultural entiendo que eso sea difícil: hasta donde sé no hay muchos veganos en Japón (pero me he equivocado antes). Pero no sé, habría dado una textura y una dirección diferente al viaje de Hachiken.

En cambio su experiencia se resume en “Sí, es extraño y saca de onda de dónde viene la comida, pero sigue siendo deliciosa”, el cual es un argumento bastante usado como excusa para no comer menos carne o de plano pasar a un estilo de vida vegetariano o vegano. Lo digo porque yo usé mucho esa excusa, pero eventualmente he dejado de consumir tanta carne como antes (en lugar de diario, por ejemplo, ahora pasan varios meses entre unas carnitas y una barbacoa, por ejemplo).

No estoy diciendo que me gustaría que los personajes se acomodaran a una dieta o estilo de vida diferente, sólo que me parece una oportunidad perdida no haber experimentado un poco por ahí. Y como dije antes, desde un punto de vista cultural lo veo difícil.

Por otro lado, lo que su viaje alimenticio sí tiene es mucho detalle con respecto a tener que enfrentarse a saber de cabo a rabo de dónde viene su comida, y eso es algo muy difícil. Desde cultivar legumbres hasta convertir en tacos a un animal de granja.

Otros personajes son profundizados también en este volumen.

Komaba y Mikage son explorados de manera superficial: sabemos un poco más de sus aspiraciones, pasiones, historias y relaciones. Su interacción con Hachiken (que de alguna manera y a pesar de su poca confianza en sí mismo es un idealista) los saca de su zona de comfort y los obliga a reconocer cosas en otros y en sí mismos, y ellos hacen lo mismo por Hachiken. Sentando las bases de una buena amistad, parece.

Además toda la relación con los caballos y la experiencia de Hachiken aprendiendo de equitación: Excelente.

Muy recomendable este segundo volumen y la historia de SilverSpoon hasta ahora.

Volumen 2 de SilverSpoon en Yen Press

“The Infinite Machine” – Camila Russo. Reseña.

“The Infinite Machine” es un libro de no-ficción escrito por Camila Russo y publicado por HarperCollins en 2020.

¡Qué libro!

Camila Russo es una reportera que ha trabajado para Bloomberg en Nueva York, Buenos Aires y Madrid, y lleva varios años (casi una década) reportando en el ambiente del blockchain, la web 2.0 y las criptomonedas. En 2018 empezó a escribir este libro cuyo subtítulo incluye las palabras “crypto-hackers“, “next internet” y “Ethereum“.

Más que suficiente para llamar mi atención.

Me topé con este libro (más o menos) hace alrededor de una semana, en una visita intempestiva a la biblioteca, y me puse a buscar qué libros tenían sobre tecnología blockchain y criptomonedas. En Diciembre del año pasado empecé a invertir en Bitcoin y Ether (nada loco, una módica cantidad), y hasta ahora me ha dado un buen retorno y quería entender mejor la tecnología y la historia de esta sensación que ya tiene más de una década.

No sólo eso; me había topado también recientemente con el concepto de los NFT’s (Non-fungible-tokens, o “Fichas no funcionales”, una suerte de comodidad digital crypto que crea escasez digital y es usada para hacer objetos digitales coleccionables), y llevo unos meses subiendo mis videos a Odysee, una plataforma de video que funciona a base de blockchain y que utiliza como método de monetización su propia criptomoneda, los LBC.

Los libros sobre Bitcoin estaban rentados, pero este título sobre Ethereum estaba disponible, y lo mejor de todo es que era relativamente reciente (Enero de 2020). Decidí checarlo.

Y de verdad: No hay nada mejor que leer un libro sobre un tema específico cuando el tema no deja de darte vueltas en la cabeza, sobre todo un libro tan bien escrito como “The Infinite Machine”.

Russo nos lleva de la mano desde el nacimiento de Bitcoin, con el misterioso Satoshi Nakamoto; nos presenta a Vitalik Buterin y a sus colegas Ethereanos anti-centralización que quieren crear un nuevo internet, algo más parecido a la visión original de Tim Werner-Lee y que va de la mano con los conceptos de open source establecidos por Richard Stallman.

Es así que inspirados por un concepto de Buterin desarrollan Ethereum, una plataforma decentralizada con la cual es posible crear aplicaciones que funcionen a base de “fichas” digitales (o criptomonedas) parecidas al Bitcoin llamadas “ether”.

El libro narra cómo la plataforma se va desarrollando y la increíble cantidad de eventos que se desencadenaron desde su incepción en 2013 hasta 2020; esto incluye pero no está limitado a todas las “monedas” que fueron lanzadas como respuesta y basadas en la plataforma Ethereum; los problemas legales; diferentes perspectivas ideológicas y los diversos proyectos con increíbles ideales que quieren nacer en la plataforma, pero que invariablemente se han visto limitados por la avaricia y el llamado hype (¿cómo traduce uno hype? ¿Emoción?).

Hay dos cosas que me encantan en particular de este libro.

La primera es que no asume que el lector sabe todo sobre criptomonedas o blockchain, mucho menos sobre la terminología que acompaña a estos conceptos, pero tampoco pierde tiempo sobre explicando o tratándolo a uno como tonto. Puedo decir que tengo un entendimiendo mayor que el que tenía sobre estos conceptos antes de leer este libro, pero por supuesto no los manejo ni pretendo manejarlos como profesional.

Pero el libro no quiere que el lector maneje estos conceptos como profesional. Su propósito es que podamos entender a grandes rasgos los por qués, las posibles consecuencias y las posibles ventajas de la adopción de esta tecnología, así como los ideales de quienes las trajeron al mundo.

En todo caso es un excelente libro para empezar a entender cripto.

La segunda es que el libro te mantiene atrapado casi todo el tiempo, y te lleva primero por la emoción de las posibles avenidas y las mejoras que pueden suceder gracias al advenimiento de Ethereum y la tecnología blockchai; para después dejarte caer hacia la realidad cuando revela que, invariablemente, la avaricia, el abuso, las expectativas sin fundamento y el deseo de poder pueden arruinar hasta las ideas más beneficiosas para la sociedad.

Me impactó cómo me dejé llevar. Primero dije “Sí, definitivamente, invertir en estas criptomonedas y guardarlas por mucho tiempo hasta que maduren es la mejor forma de ganar dinero. Jaque mate, sistema”. Pero al terminar de leer el libro me di cuenta de que eso es lo que todo el mundo piensa, ese es precisamente el error que ha llevado a tantas nuevas monedas y empresas basadas en esta tecnología a quebrar e incluso a la cárcel.

Ether no es una herramienta de inversión. Al menos no por diseño, aunque se preste a ello. Ether es un vehículo para que el ecosistema de Ethereum funcione. El hecho de que sea una divisa no es lo que le confiere valor, sino lo que es posible hacer con él.

Es increíble.

Creo que en general el personaje de Buterin es amplificado como un bondadoso mesías que no tiene fallas, y es quizás eso lo que podría criticar de este libro. Buterin definitivamente me cae bien, y leí unos cuantos de sus posts en su blog y estoy seguro de que comparto muchas opiniones con él (ojalá yo fuera capaz de escribir mis pensamientos tan bien); pero el libro consigue hacer lo que él no quería, que es volverlo un personaje más grande que lo que inventó.

Pero es una crítica minúscula, y eso es resolvible utilizando un poco de sentido común y sabiendo que a pesar de lo bien redactado e investigado que está este libro, la historia siempre tiene más ángulos de los qué agarrar.

Súper recomendación, este libro de Camila Russo, realmente me quito el sombrero y estoy listo para lo que sea que escriba después. Fluye como agua. Es un libro que no me molestaría comprar y tener en mi biblioteca personal para futura referencia; aunque desde su publicación las cosas han cambiado bastante (como es normal con las tecnologías disruptivas).

Recomiendo también investigar más sobre criptomonedas, decentralización y tecnología blockchain. Su forma actual no es su forma final, y estoy seguro de que jugará un rol increíblemente poderoso en el futuro.

Camila Russo en TwitterCamila Russo en Harper Collins
Ethereum.orgSitio de Vitalik Buterin
Decrypt (noticias e información)Vitalik en Twitter

SV13, DD17, presencia en más redes sociales y semana de “descanso”

Se nota que he andado completamente desconectado. No he usado la computadora tanto porque estoy intentando recuperarme de la RSI (“Herida por estrés repetitivo”, por sus siglas en inglés) que me provoqué en la muñeca por andar duro y dale y no descansar ni ejercitar ni estirarme lo suficiente.

Da un poco de miedo pensar que este tipo de heridas puede ponderse tan mal que es posible que uno necesite cirugía; pero yo no estoy ahí aún y haré un esfuerzo más presente de cuidarme.

En fin.

En primer lugar tenemos que no actualicé el blog ayer, y hubo un nuevo sábado variado:

Y me intenté dibujar. ¡Es un auto retrato! También en Odysee.

También hubo nuevo Dominical hoy, más figura humana:

(También en Odysee)

Y, pues, como sigo con dolor de muñeca, esta semana que viene no habrá videos. Ya tendré suficiente con el estrés físico de la chamba del día normal, así que intentaré seguir descansando y no jorobarme más los tejidos. Chale. Subiré un video al respecto durante la semana.

En otras noticias…

Y antes de que la molestia en la muñeca me impida seguir escribiendo, he creado perfiles en una serie de plataformas sociales nuevas.

  • Publish0x: Es una plataforma de blog en la que uno es recompensado con tokens crypto (ETH, FARM y AMPL) por escribir y leer artículos. Hay de todo, pero la temática general es blockchain, proyectos de criptomonedas y así. Yo voy a estar subiendo artículos directamente de este blog, así que si prefieren leerme allá o acá, el contenido será el mismo.
  • Read.cash: Similar a Publish0x, uno es recompensado con BCH por leer y escribir. De igual manera estaré subiendo entradas de este blog. Read y Publish0x son mecanismos para expandir mi alcance, principalmente. 🙂
  • den.social: Es muy parecido a reddit, pero con el twist del crypto. Los usuarios son recompensados con un token interno, NRG, que permite votación y publicación de entradas; y con MTR, que es intercambiable por fiat pero también incrementa la cantidad de NRG generada. El contenido de calidad es recompensado con NRG y entre más contenido de calidad suba uno, más MTR puede generar. Estaré subiendo imágenes, compartiendo mis videos, y entradas.
  • Noise.cash: De los creadores de read.cash; Noise es una plataforma parecida a twitter que cada hora o así te regala centavos de dólar gringo que puedes dar como propina a otros usuarios, y un porcentaje de esa propina te toca a ti también. Las propinas son dadas en BCH, entonces es necesario tener una cartera digital. Al ser como twitter la trataré similar, e iré subiendo imágenes y ligas a mis videos y entradas. 🙂

Ligas a mis perfiles en estas plataformas ya están en la sección de Links.

Gracias por estar y por leer.