Hiromu Arakawa. “Silver Spoon vol. 12”. Reseña.

A grandes rasgos.

Nos acercamos ya al final de la serie. Es un poco agridulce saber esto; estos personajes tienen personalidades tan marcadas que es casi como si los conociéramos en persona. Aunque un par de ellos son demasiado caricaturizados (te estoy viendo, Ookawa. También tú, Tokiwa).

Una de las cosas que nos da a saber que se termina la serie es el paso del tiempo acelerado y el cambio de nombre de los capítulos: Ya no son temporadas, ahora son “historias de las 4 temporadas”. En los siguientes volumenes vermos los años pasar volando, casi como hojear un libro rápidamente. En retrospectiva así se siente la vida.

El primer año de Yuugo y sus amigos ha terminado y las cosas empiezan a caminar, tanto con la preparación de Aikawa y Aki para la universidad como con el negocio que Yuugo ha empezado y el resto de las aspiraciones de los demás.

También tenemos la introducción de un nuevo personaje, una chica de primer año que, como lo dijo la autora misma, “es una personificación de los lectores tratando de hacer lo mejor que pueden y metiéndose en la historia, por eso no tiene nombre”. Eso me gusta mucho. También explica por qué puide hacer preguntas sin tapujos a los personajes principales de la serie.

Tenemos también un poco más de enfoque en Komaba y sus sueños, y entiendo un poco mejor a Ookawa, aunque me sigue cayendo de la patada.

Los detalles

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Uno de los detalles que más me gustan de esta nueva faceta de capítulos es que se enfocan brevemente en cada personaje. La historia de Yoshino yendo a la escuela equivocada en Francia, por ejemplo, me dio mucha risa, aunque me dio gusto que hubiera aprovechado su tiempo ahí de una u otra manera.

Algo de lo que hablaba en la reseña pasada es que me imaginaba más o menos la dirección en la que Arakawa quería llevar al personaje de Ookawa, y de qué manera esta dirección se alineaba con uno de los temas centrales de la historia y de la personalidad de Yuugo: La importancia de las segundas oportunidades. Sí, puede ser que este desgraciado sea un envidioso entrometido y que se la pasa jorobando a Yuugo y a cualquier otra persona que sea más feliz que él (al grado que no siente remordimiento tras hacer estallar el departamento de nuestro protagonista), pero eso no significa necesariamente que no se merezca la oportunidad de brillar y de vivir como él quiera.

Por eso Yuugo lo invita a ser presidente de su compañía. Al menos durante este volumen Ookawa se sintió menos como un villano y más como una molestia breve, pero maldita sea, qué mal me cae.

Por otro lado me dio mucho gusto ver que este año Yuugo sí pudo formar parte del festival de Ooezo.

También creo que está muy cool que estén empezando a planear una forma de establecerse como negocio, utilizando el puerco de Ookawa, y tal vez vender pizza en las carreras de caballos Ban’Ei.

Me parece muy padre que todos estos elementos que vimos en los primeros volumenes (El horno de Pizza, el debate de los puercos, las carreras Ban’Ei, vender productos de Ooezo, etc.) se van juntando en lo que será la meta concreta de yuugo en el futuro, y lo que será su negocio.

Este volumen me gustó, me frustré menos con los personajes que me caen mal y me recordó mucho más a los primeros volumenes, esos de descubrimiento de estar en una escuela para granjeros.

Vol. 12 en YenPress