Hiromu Arakawa. “Silver Spoon Vol. 9”. Reseña.

A grandes rasgos.

El volumen 9 de Silver Spoon tiene bastantes momentos interesantes, como ya es costumbre a estas alturas de la serie. Los personajes están bien establecidos, hay una dirección más o menos concreta a la que nos está llevando la autora, y la calidad del drama y la comedia sigue siendo verdaderamente buena.

El arte ya saben que me agrada mucho, lo he dicho en otras ocasiones, y creo que lo que me gusta del trabajo de Arakawa es que es económico y de mucha calidad. Sólo hay fondos cuando es necesario, por ejemplo, y el estilo de dibujo que tiene se presta mucho a variar entre casi nada de detalle y súper detallado. Pero incluso el detalle cuenta con una calidad minimalista que cada vez aprecio más.

Pero Arakawa no escatima con detalle cuando se trata de representar aspectos específicos de la vida en la escuela de agricultura: tanto en guión como en dibujo esta serie está repeleta de momentos y escenas que son tanto educativas como importantes para la trama. A veces sí siento que pausa mucho en explicaciones de procesos y teoría, pero al mismo tiempo creo que es importante para darle a la historia un verdadero feel de encontrarse en una escuela preparatoria dedicada a la agricultura.

Los detalles.

Spoiler

Creo que de mis momentos favoritos en este volumen son cuando Yuugo confronta a su padre, y cuando su madre va a visitar la escuela para averiguar qué es lo que su hijo hace ahí. Creo que las dinámicas empiezan a parecer claras. Tamako en algún momento explica que “Yuugo fue quien huyó antes de fallar” y por eso su padre no le da segundas oportunidades, pero no sé si eso me parece una buena explicación o justificación. Creo que Yuugo huyó en primer lugar porque las expectativas y la forma en que su padre se comporta para con él no conducen a una pasión por lo que uno hace, sino a competir por el simple hecho de competir. No sé, esto ha de ser un asunto cultural con el que no puedo identificarme.

De la misma manera los chistes y comentarios de Nishikawa sobre hacer marketing de cosas de comida utilizando la imagen de mujeres o de muchachas adolescentes se me hace de pésimo gusto y ha estado prevalente en este libro, y me parece que en el siguiente también. Hay un tipo de sexismo por lo bajo en este tipo de humor que está internalizado de manera cultural y que no me parece gracioso. Perpetúa actitudes y estereotipos que no estoy de acuerdo con que sean perpetuados. Sé que es algo cultural, pero eso no es realmente una excusa.

Yuugo y Aki volviéndose más cercanos y estudiando me encanta. Por otro lado cada vez me cae peor el personaje de Ookawa, resentido y culero, que no hace nada por mejorar su situación pero quiere hacer la felicidad de otros menos amena. Es el chiste del personaje pero es muy frustrante. Supongo que eso significa que está bien escrito.

¡Y el final! Shingo hace de las suyas de nuevo, no entiendo cómo alguien puede tomar decisiones de esa manera.

No hemos visto a Komaba en un tiempo; veremos cómo se va desenvolviendo su historia pronto, espero.

También me da risa la concepción de hace diez años con respecto a los virus de computadora. El de los puerquitos es tan inocente que hasta hace parece los virus como un juego de niños. Claramente Arakawa no ha escuchado Darknet Diaries.

Vol 9 en YenPress