¿Conveniencia o propiedad? Comprar multimedia en internet es extraño.

Hace un par de semanas hablé sobre lo que me parecía que es el encogimiento del internet; un mal que ha venido sucediendo e irónicamente expandiéndose desde hace varios años, pero que se ha vuelto cada vez más evidente gracias a la existencia y desfachatez de los monopolios tecnológicos.

Es difícil que el esfuerzo individual desconectado rinda frutos de alguna naturaleza, y reconozco ello a pesar de haber sugerido que algo que podemos hacer es variar la cantidad de sitios web que frecuentamos, regresar a leer blogs y no sólo depender de Twitter o Facebook para leer nuestras noticias.

Con ello en mente me puse a pensar en plataformas como Spotify, Netflix e incluso Youtube.

Hay muchos beneficios que nacen a partir de la difusión en flujo, o streaming (estoy intentando usar menos anglicismos, que populan mi vocabulario y que es difícil mantener a raya debido a mi localización geográfica, entre otras cosas). El mayor beneficio es la conveniencia, creo; a esto le sigue la variedad y el rango de alcance. El precio de entrada es también un beneficio grande, ya que es posible acceder a todos los beneficios antes mencionados con una módica cantidad de dinero.

Lo más fascinante del modelo de difusión de flujo es lo adaptable que es. Puede ser usado para casi cualquier tipo de multimedia: libros, música, películas e incluso manga e historietas (la aplicación móvil de VIZ y sitios web como Comixology vienen a la mente). Muchos de los adoptantes del modelo han traído consigo sus fallas y se han contentado con seguir los impulsos de lo grandes del mercado, dícese Netflix o Spotify. Incluso gigantes más grandes aún, como Disney con Disney+, tomaron el modelo con gusto.

¿Uno de los costos de este modelo? Es imposible ser dueño de algo.

A algunas personas esto les parece un intercambio justo, y con razón: puedo ver lo que sea cuando quiera (mientras esté disponible en la plataforma), durante el tiempo que quiera y cuantas veces quiera, pagando únicamente x cantidad de pesos/dólares al mes. No me importa si algo que quiero ver no está, seguramente puedo usar un VPN o volverá a la biblioteca digital en algún momento o puedo pagarle a otra compañía para verlo.

Efectivamente es un modelo de renta por subscripción.

En general el concepto no me parece mal y de hecho le doy la bienvenida, creo que tiene un gran rango de utilidad y es obviamente lucrativo.

La problemática que se desata en mí es que el hecho de que estas compañías de renta por subscripción se han convertido en gigantes imposibles de alcanzar y que controlan la mayor parte de lo que vemos, escuchamos y leemos. Dejando de lado el asunto de los monopolios (que es terrorífico por sí mismo) son dos cosas las que me preocupan:

  • El control de la información y la cultura en manos de unas cuantas personas que están situadas en un punto geográfico específico (los EEUU).
  • La posible transición del contenido multimedia en línea a un constante modelo de renta por subscripción, destruyendo por completo nuestra habilidad de comprar algo.

Compañías como Disney han estado esperando por un modelo como este por décadas, desde que iniciaron con su ridícula premisa de la “Bóveda de Clásicos”, de la cuál sacaban películas de los primeros años de Disney por tiempo limitado y luego las escondían por décadas, efectivamente incrementando sus ganancias con una escasez manufacturada.

Ahora pueden cobrar una cuota mensual de manera constante para que la gente pueda ver todas sus producciones… y las de todas las compañías de las que son dueños. (ESTE es un gráfico aterrador, cortesía de CartoonBrew).

Pero de hoy en adelante nadie puede adquirir una película, digamos “Blanca Nieves” sin tener que pasar por Disney+ primero, y aún así es sólo una renta, no es posible comprarla.

“¡Mentira! ¡Puedes comprarla en Youtube/Google!”

¿Pero es realmente comprable si no puedes descargarla? ¿Por qué puedes pagar por esta película pero no puedes decargarla y verla en tu propio computador, o prestársela a un amigo?

He “comprado” en Youtube con anterioridad. Es conveniente y rápido, además de que se conecta con la aplicación de GoogleMovies en mi celular y puedo usar ChromeCast para verla en la tele, y con suerte estas cosas nunca desaparecerán de los servidores de Google.

Pero siempre que “compro” en Youtube me asalta la sensación de que he perdido dinero por nada. Es como si compraras un libro pero sólo pudieras leerlo en el espacio físico de la librería.

Es la misma situación en Spotify, por ejemplo. Es súper conveniente poder escuchar los lanzamientos más recientes de los artistas que más me gustan, saber cuándo van a dar conciertos, descubrir cosas nuevas. Y Spotify sí deja descargar música, sólo que es un número limitado, sólo puedes tenerla por 30 días sin conexión a internet y si pierdes tu subscripción ya no puedes escucharlo.

Discusiones sobre la posibilidad de ser dueño de lo que uno ve, lee o escucha inevitablemente caen en el ambiente del copyright y cómo si todo el mundo pudiera descargar lo que quisiera “la propiedad intelectual perdería valor” (algo que me parece ridículo y que quizás podremos abordar en otra ocasión). Anarquía.

A estos mastodontes mediáticos propongo soluciones como bandcamp o vimeoOnDemand.

Ambos son servicios con varios años de experiencia, ambos tienen creadores y elementos de mucho valo creativo y ambos permiten descargar lo que uno compra. Qué revolución.

No solo eso: Ambos servicios proveen la opción de difusión en flujo, así que las películas/los álbumes que uno compre no tienen necesariamente que usar espacio en el disco duro. Pero tampoco estás destinado a sólo poder acceder a lo que compras con una conexión a internet, o a tener como producto comprado sólo una nota que diga:

Sí, compraste esto, pero sólo puedes usarlo dentro de la tienda.

No sé, creo que vale la pena variar los lugares de donde sacamos cosas que ver, leer y escuchar. No tenemos que dejar de usar Spotify o Netflix (¿es posible, a estas alturas?), pero hay tantas opciones y tantas plataformas, y varias son más justas con los usuarios y creo que no son usadas lo suficiente.

Además, últimamente he estado leyendo mucho sobre tecnología blockchain y se me vuela la cabeza al pensar en lo que ya hay disponible y lo que se viene. Pero eso también es otro tema para otro día.

Salud.

Dibujandiario Semana 11, resultados y pensamientos

Abajo los procesos. Pueden ver el video en Odysee también.

La semana 11 fue un regreso al inicio de este proyecto, un regreso a volver a dibujar manos, a practicar y a reafirmarme el por qué de hacer esto.

El reto más grande de esta semana fue forzarme a salir de mi zona de comfort. Tengo que hacerlo más a menudo y con mayor esmero, pero al menos ya me quedó claro que dibujar las partes del cuerpo en su contexto me ayuda a visualizar y plasmar lo que veo. Suena lógico, pero darme cuenta de ello es algo que sólo sucedió una vez que me senté a trabajar.

Creo que aún tengo semanas muy extrañas, como la semana 10 para la cual me faltó mucha preparación y entendimiento, y espero que las siguientes semanas le añadan un poco más de kilometraje a este viaje de aprendizaje que estoy emprendiendo.

Estoy emocionado por las temáticas siguientes, y por las cosas que haré a partir de ahora. Es difícil mantener el ritmo todo el tiempo, y hay veces en las que definitivamente es un esfuerzo sentarse a dibujar a pesar de haber estado trabajando en un área creativa todo el día.

Le agradezco al Emiliano del pasado haber tenido la presencia de haber preparado al menos dos semanas de colchón, por si cualquier cosa.

Mañana: Terminaré la animación de la Rana que hice para Sábado Variado, y ya comentaré más al respecto cuando el video esté en línea.

Gracias, como todas las semanas, por estar y por leer.

Saludos.